miércoles, 18 de noviembre de 2015




"Un militantismo pseudo-progresista está des-educando a nuestros hijos"

Claudia Peiró
El educador y ensayista francés Marc Le Bris dijo a Infobae que una igualdad mal entendida lleva a negar la selección por el mérito e "impide a los niños correr hacia lo mejor, como los futbolistas hacia el arco"

Marc Le Bris fue formado como maestro en los tiempos rebeldes de Mayo del 68, cuando la consigna por excelencia era "prohibido prohibir" y "abajo la selección". La primera enseñanza que le dieron fue: "Los alumnos tienen más para enseñarnos a nosotros (los maestros) que nosotros a ellos".
Unos pocos años de práctica en el aula le bastaron para darse cuenta del error. Desde entonces, en paralelo a su larga carrera docente –está retirado del cargo de Director de Escuela primaria desde hace dos años- se dedicó a cuestionar todos los derivados de aquella concepción: losmétodos de enseñanza de lectura llamados globales o naturales, la idea de que "el alumno construye su propio saber", la negación de la autoridad docente, la autonomía del niño y una obsesión por los métodos que lleva a desmerecer los contenidos, es decir ni más ni menos el conocimiento.
También denuncia los eufemismos con los que hoy se busca justificar y ocultar el fracasode estas concepciones: la prohibición de la repitencia, la eliminación de las notas porque discriminan, el remplazo de los grados por "ciclos" (para disimular que los niños ya no aprenden a leer y escribir en un año como en la escuela tradicional), la creación de diplomas nuevos de baja calidad para quienes fracasan en la universidad, etcétera.
Salvando las diferencias entre ambos países, Francia y Argentina viven una situación similar: tenían una escuela pública de excelencia que estas concepciones educativas están llevando a una continua degradación. Según la última encuesta PISA (2013), en Francia, 22% de los alumnos de lo que equivaldría a nuestro 1er año de secundaria (es decir de 12 ó 13 años) están en "situación de fracaso grave" y son "incapaces de participar de manera activa y eficaz en la vida social". Y una encuesta del propio gobierno francés constató que 20 por ciento –uno de cada cinco- de los alumnos de 3er año del secundario son "incapaces de darle sentido a una información y de interpretar un texto simple".
Dos de los teóricos responsables de estas concepciones, señalados por Le Bris, son consumidos también entre nosotros: el sociólogo Pierre Bourdieu, ya fallecido, pero siempre leído en nuestras universidades, y el pedagogo Philippe Meirieu quien, pese a los malos resultados de su gestión al frente de los institutos de formación docente de su país, fue recibido en Argentina como portador de una verdad revelada, cuando vino en diciembre de 2013 invitado por Flacso.
Es especialmente interesante escuchar a Le Bris explicar la incidencia de estas visiones en los malos resultados de los alumnos franceses, en momentos en que las autoridades educativas argentinas se disponen a dar un paso más hacia la destrucción de los últimos reductos de excelencia de nuestra educación pública, disminuyendo la exigencia en los colegios secundarios que dependen de la Universidad de Buenos Aires (Nacional, Pellegrini, ILSE), en los que ahora se podrá pasar de año con dos materias sin aprobar, cuando hasta ahora se aceptaba una sola previa. No sólo eso: en el nuevo colegio de la UBA (la recién creada Escuela Técnica Universitaria de Lugano), se sustituyó el examen de ingreso tradicional en estos establecimientos por un sorteo. "El objetivo es lograr inclusión con calidad académica. El acceso no será meritocrático", afirman sin sonrojarse.
Última aclaración, antes de leer lo que sigue: Marc Le Bris, autor entre otros títulos de "Y vuestros hijos no sabrán leer ni sumar", no es de derecha; hijo de militantes comunistas, sus simpatías políticas van más bien hacia la izquierda, lo que no le impide reconocer que ésta suele ser mucho más destructiva –o desconstructiva, para usa la jerga académica de moda- en materia de Educación.
-Usted ubica un punto de inflexión en la educación en Francia hacia fines de los 60, cuando se van gestando estas teorías pedagógicas a las que hoy responsabiliza de la decadencia educativa en su país...
Yo estaba entonces en el instituto de formación de maestros y creí en eso: creí que estábamos salvando a los niños de la zoncera en la cual los mantenía la clase dominante, pero luego la realidad de la práctica.... Mis padres eran maestros, de izquierda, comunistas, y con el b-a = ba, el método Boscher (1), sacaron a los hijos de los campesinos del analfabetismo y los llevaron a integrar las elites.
¿Qué pasó luego?
Esa eficacia de la educación francesa hasta los años 60 fue derribada ideológicamente por gente que era aún más progresista, en el sentido político, eran militantes, algunos sindicatos de izquierda –los partidos de izquierda están muy representados en el ámbito docente- que inventaron o trajeron estos métodos, entre comillas revolucionarios, que iban a salvar a los hijos del proletariado de las garras de la patronal.
¿Qué lo llevó a usted a revisar todo eso?
Tuve que sumergirme en la realidad para ver que eso era totalmente falso, esa descripción era una descripción militante, partidaria, no era una descripción de la realidad. A partir de los años 70 dejamos hacer cosas mucho más peligrosas para la sociedad que aquellas contra las cuales decíamos enfrentarnos; dejamos instalarse la des-culturación. El oficio de maestro era notable en la Francia de aquellos años, pero permitimos que fuese destruida toda la práctica material de la enseñanza que en los tiempos de mis padres estaba en manos de los docentes; todo eso fue descartado, despreciado, dejado de lado, y se perdió un oficio. A los grandes maestros que tenía Francia, grandes profesionales, se los pasó a retiro con tremendo desprecio. La escuela de los años 60 era excelente. El problema que tenemos hoy en Francia es que ya nadie sabe cómohacer y la escuela francesa, después del paso del señor Philippe Meirieu y de Jean Foucambert, defensor del método global de enseñanza de lectura (2), la escuela francesa está en caída libre, luego de haber sido una de las mejores del mundo.
"BOURDIEU DICE QUE LA ESCUELA ESTÁ AL SERVICIO DEL CAPITALISMO, DE LA CLASE DOMINANTE. NO ES CIERTO"
Al revés de lo que sostuvieron muchos teóricos, usted afirma que la escuela francesa tradicional era igualadora...
La escuela pública francesa iba consciente y voluntariamente hacia una finalidad, ejercía su autoridad, era un santuario en el cual los niños podían evolucionar, aparte de sus padres, aparte de la educación familiar. El gran progreso de la escuela se dio a partir de 1880 y 1920. Y en 1950, el hijo de campesino se convierte en subdirector de (la empresa estatal) Electricidad de Francia, y los hijos de obreros se convierten en profesionales, no todos, por supuesto, pero hubo una renovación de las elites, gracias a la escuela pública, es decir, gracias a la elevación de los mejores en base al mérito escolar.
Esa renovación tuvo lugar, contrariamente a lo que fue escrito por sociólogos como Pierre Bourdieu, que dice lo contrario de lo real. Bourdieu dice que la escuela reproduce la estructura social y que está para eso. Que está al servicio del capitalismo, de la clase dominante. Es mentira. Yo tuve compañeros que eran hijos de campesinos bretones y que se convirtieron en grandes ingenieros, en gerentes de grandes empresas francesas. Pero la cosa va más lejos aún. Como el fenómeno en Francia tiene 30 años, ya vemos el resultado: las familias burguesas de izquierda -en Francia la izquierda es muy burguesa-, que son familias letradas, familias de grandes lectores, que creyeron en todas estas teorías y se alegraron por la libertad que se les daba a sus niños, generan hijos iletrados. Es decir, se da el fenómeno contrario a lo hecho por la Tercera República (1870-1940) y en especial después de la Primera Guerra cuando, mediante un gran esfuerzo de la escuela primaria, se alfabetizó, se ilustró a un país entero.Ahora estamos des-ilustrando, mediocrizando a estos hijos de burgueses con los que ahora no sabemos qué hacer.
"QUE UN PAÍS CREE UNA LICENCIATURA DE CLOWN ES EL SÍNTOMA DE UNA GRAVE DECADENCIA"
¿Y qué se hace con ellos?
Bueno, como las verdaderas clases dominantes hoy en Francia son estos burgueses de izquierda, han creado una gran cantidad de diplomas de poco valor para poder diplomar a todos estos malos alumnos. Francia es una productora en gran cantidad de estos pequeños diplomas. Francia resolvió este problema de los hijos de la clase dominante real, es decir, de izquierda, inventando diplomas. Tenemos incluso una Licenciatura en Clown (payaso). Le aseguro que es verdad. Para mí, que un país cree una Licenciatura de Clown es el síntoma de una grave decadencia.
La influencia de algunos de esos autores que usted menciona sigue vigente, incluso fuera de Francia...
Considero que Meirieu, Bourdieu y Foucambert son destructores de sociedad. La escuela del señor Meirieu no hizo un trabajo de exigencia, de rigor, de civilidad, hacia los niños,especialmente los más desfavorecidos, al punto que tenemos en Francia hoy zonas sin ley, zonas de iletrismo. La escuela de Meirieu no hizo su trabajo y es responsable de esta destrucción muy profunda del tejido social que hace que Francia sea un país en decadencia, no sólo escolar, sino moral.
¿De donde viene esta concepción de que el niño construye su propio saber, que el maestro aprende más del niño que viceversa?
¿Cómo hemos llegado a esta negación de lo real?, me pregunto yo. A ser capaces de decir lo contario de la realidad. En la escuela normal de maestros, yo tenía un profesor que nos dijo y nos hizo escribir en nuestra carpeta: "Los alumnos tienen más para enseñarnos a nosotros que nosotros a ellos". Puedo aceptar que, en algún momento, ante un chico que no entendía algo, yo haya aprendido a explicárselo mejor, pero aparte de eso, que dos y dos son cuatro soy yo el que se lo tengo que enseñar a él. Esta forma de hablar al revés, este estilo de poner lo secundario en el lugar de lo principal, se ha convertido en un funcionamiento intelectual: en vez de describir la realidad, hacemos comunicación, comunicamos, decimos cosas lindas.
La otra explicación que encuentro es el trauma de la Segunda Guerra Mundial. Pese a la ilustración, a la ciencia, al progreso, pese a todo eso, fuimos a la barbarie en esos años. Y la peor expresión de esa barbarie fue la selección, por criterios raciales y religiosos. Esa selección es la herida de Occidente.
Entonces, a partir de los años 60, se amalgamó eso con el hecho de poner una buena nota a los buenos alumnos y una mala nota a los malos alumnos. Una de las consignas de Mayo del 68 era "¡Abajo la selección!" La selección fue vista por un lado como la expresión de la barbarie y, por el otro, siguiendo a Bourdieu, como obra de las clases dominantes, más o menos oculta. Para mí es la conjunción de estas dos cosas, las teorías de Bourdieu sobre que la selección es una obra de las clases dominantes que se preservan embruteciendo al pueblo, lo que por otra parte es falso, y el hecho de que queremos ser todos exactamente iguales y así hemos llegado a negar la realidad, a no decir las cosas como son.
"LA ESCUELA DE HOY ES COMO UN EQUIPO DE FÚTBOL QUE TIENE PROHIBIDOS LOS GOLES"
¿Cómo se refleja esta negativa a la selección?
Por ejemplo, si una clase determinada de escuela tiene buenos resultados, o muy buenos resultados, se lo oculta, al punto de que el maestro que trabajó bien no tiene "retorno" para saber cómo va su trabajo. Trabajamos a ciegas los maestros, pero también los niños. Antes le poníamos 10 al alumno que respondía bien a 10 preguntas. Hoy NO le ponemos un 2 al que no sabe nada. No le decimos nada porque no hay que seleccionar. Al chico que no aprendió las tablas de multiplicar no podemos decirle que eso está mal, que es malo para él, malo para su carrera, para su apertura mental; no se le dice nada porque no queremos seleccionar y eso impide a los niños correr hacia lo mejor, como los jugadores de fútbol hacia el arco. La escuela que surge de esto es como un equipo de fútbol que tiene prohibidos los goles. Es un caos. Nos peleamos en la cancha, hacemos otra cosa, ya no sabemos actuar individual ni colectivamente.
En Argentina se ha prohibido recientemente la repitencia entre 1º y 2º grado con el argumento de que los niños necesitan más de un año para aprender a leer y escribir. Pero en la escuela tradicional se aprendía a leer, escribir, sumar y restar en el primer grado, ¿no es cierto?
Sí, es lo normal, incluso muchos aprenden a leer en preescolar. No es difícil aprender a leer. Por poco que al niño se le enseñen unas letras y sílabas, aprenderá a leer. Lo que es difícil es aprender a leer con métodos que no están hechos para eso. Con el método global, entre 4 y 5 niños de cada 10 no saben leer a fin de año. Y con el método alfabético, apenas 2 de cada 100.Me he cansado de pedirle al Ministerio que haga una medición de los resultados al término del primer grado en función del método de lectura utilizado. Basta un año para hacerlo. Pero nunca lo he logrado.
"HAY QUE PARAR CON LAS IDEOLOGÍAS, COMPARAR RESULTADOS, Y LISTO"
Lo que sí hemos logrado en este combate iniciado hace unos quince años, desde que yo empecé a publicar mis críticas, es la libertad pedagógica para que los maestros puedan usar el método que consideren más eficaz, y cada vez son más los que vuelven al alfabético. Las cosas están cambiando, pero no todo lo rápidamente que yo desearía. Ahora bien, cuando la izquierda vuelve al poder, todos los progresos sobre cuestiones de lectura y de eficacia de la enseñanza retroceden. No digo que la derecha haya hecho demasiado en materia educativa, pero la izquierda siempre es catastróficamente desorganizadora en esto, se la pasa reescribiendo los programas, prohibiendo la repitencia, hablan de suprimir las notas, tuvimos 3 ministros en 4 años, no saben para qué lado van...
Hay un momento en que hay que parar las ideologías, porque estos son temas técnicos, hay que hacer lo que funciona, se comparan dos métodos y se ven los resultados, y listo.
Y tengo que seguir reflexionando sobre su pregunta, porque no respondí del todo. ¿Por qué se instaló con tanta fuerza esta negación del rol docente y de la transmisión del saber como función central de la escuela?

domingo, 15 de noviembre de 2015

Maestro de maestros, nada menos que de Santo Tomás!

San Alberto MagnoDoctor de la Iglesia
 Año 1280

La Virgen Santísima nos conceda como a su buen devoto San Alberto,
el don de la sabiduría, para hacer mucho bien.
El primer paso para adquirir sabiduría es
tener un gran deseo de instruirse
(S. Biblia. Proverbios).

San Alberto Magno
Ya en su tiempo la gente lo llamaba "El Magno", el grande, el magnífico, por la sabiduría tan admirable que había logrado conseguir. Lo llamaban también "El Doctor Universal" porque sabía de todo: de ciencias religiosas, de ciencias naturales, de filosofía, etc. Era geógrafo, astrónomo, físico, químico y teólogo. La gente decía "Sabe todo lo que se puede saber" y le daba el título de "milagro de la época", "maravilla de conocimientos" y otros más.
Tuvo el honor San Alberto de haber sido el maestro del más grande sabio que ha tenido la Iglesia Católica, Santo Tomás de Aquino, y esto le aumentó su celebridad. El descubrió el genio que había en el joven Tomás.
Nació en Alemania en 1206. Era de familia rica y de importancia en el gobierno y en la alta sociedad. Su padre era Conde, o sea gobernador de la región. Estudió en la Universidad de Padua. Allí se encontró con el más grande pescador de vocaciones, el beato Jordán de Sajonia, sucesor de Santo Domingo, y aunque el papá de Alberto se oponía a que su hijo se hiciera religioso, sin embargo la personalidad de Jordán fue tan impresionante para él, que dejó todo su futuro de hacendado, político y hombre de mundo, y entró de religioso con los Padres Dominicos.
Él mismo contaba que de joven le costaban los estudios y por eso una noche dispuso huir del colegio donde estudiaba. Pero al tratar de huir por una escalera colgada de una pared, en la parte de arriba, le pareció ver a Nuestra Señora la Virgen María que le dijo: "Alberto, ¿por qué en vez de huir del colegio, no me rezas a Mí que soy ‘Trono de la Sabiduría?’.
Si me tienes fe y confianza, yo te daré una memoria prodigiosa. Y para que sepas que sí fui yo quien te la concedí, cuando ya te vayas a morir, olvidarás todo lo que sabías". Y así sucedió. Y al final de su vida, un día en un sermón se le olvidó todo lo que sabía, y dijo: "Es señal de que ya me voy a morir, porque así me lo anunció la Virgen Santísima". Y se retiró de sus labores y se dedicó a orar y a prepararse para morir, y a los pocos meses murió.
San Alberto MagnoEn Colonia, en París y en varias otras universidades fue profesor brillantísimo y de muchas naciones iban estudiantes a escuchar sus clases. Él tuvo el mérito de haber separado la teología de la filosofía, y de haber descubierto que el filósofo Aristóteles tiene un gran parecido con las ideas cristianas (lo cual perfeccionará luego su discípulo Santo Tomás).
Escribió 38 volúmenes, de todos los temas. Teología, filosofía, geografía, química, astronomía, etc. Era una verdadera enciclopedia viviente.
Fue nombrado superior provincial de su comunidad de Dominicos. Y el Sumo Pontífice lo nombró Arzobispo de Ratisbona, pero a los dos años renunció a ese cargo para dedicarse a dar clases y escribir, que eran sus oficios preferidos.
Habiendo sido de familia muy rica y de alta posición social, recorrió Alemania predicando, y viajando de limosna y hospedándose donde le dieran posada como a un limosnero. Era una buena práctica para aumentar la virtud de la humildad.
El 15 de noviembre de 1280, mientras charlaba tranquilamente con unos religiosos de su comunidad, quedó muerto plácidamente. Tenía 74 años. Dejaba fama de haber sido más sabio que todos los sabios de su tiempo. Todas las enseñanzas tenían por fin llevar el alma hacia Dios que es amor.



Fuente: https://www.ewtn.com/spanish/Saints/Alberto_Magno.htm

sábado, 14 de noviembre de 2015

Para pensar: ¿con qué alimentamos la mente?

Una cierta y oscura omnipotencia nos da permiso cotidianamente para ver horas de televisión basura o leer las peores secciones de los diarios o escuchar los noticieros más sensacionalistas o la música más deleznable, acumulando de ese modo en nosotros mismos una enorme resaca de sedimentos espurios que nos van convirtiendo en seres opacos y carentes de toda energía y transparencia. Aun cuando nos creamos impunes o invulnerables, nos estamos destruyendo nosotros mismos, del mismo modo que se destruyen los que comen y beben irresponsablemente hasta destrozar sus cuerpos, sus vidas y las de los que los rodean.

Bordelois, Ivonne (2005) La palabra amenazada. Buenos Aires: Libros del Zorzal. P. 34.

martes, 10 de noviembre de 2015

LAS ESCUELAS BENEDICTINAS

En una entrada reciente, se hacía alusión a "La misión de San Benito", de John Henry Newman. Aquí ofrecemos un extracto de otro interesante artículo de Newman, muy relacionado con el anterior, para que les quede el deseo de más.



[…] El viejo mundo había muerto, sin duda alguna; pero entonces un nuevo orden lo reemplazó, cuya verdadera vida, en gran medida, eran ellos mismos, sin que de su parte hubiese mediado ninguna voluntad ni expectativa. El solitario benedictino arrodillado se puso de pie y fundó una ciudad. Tal fue el caso, no aquí o allá, sino en todas partes. Europa tenía un nuevo mapa, y los monjes fueron los iniciadores de ese mapa. Habían vivido en grandes comunidades, en abadías, en corporaciones con privilegios civiles, en haciendas con administradores, siervos y vecinos barones, que se habían convertido en centros de población, en las escuelas de las verdades más apreciadas, en los santuarios de las más sagradas confidencias. Y descubrieron que ellos mismos eran sacerdotes, directores, legisladores, señores feudales, consejeros, predicadores, misioneros, controversialistas; y comprendieron que, a menos de escapar de nuevo de la faz del hombre, como San Antonio al principio, tendrían que despedirse de la esperanza de llevar la vida de San Antonio. […]
La necesidad no tiene ley, y la caridad no se mezquina: según ello actuó la Iglesia. Llevó al benedictino desde el claustro al mundo político; y, en la medida en que es la Iglesia quien lo hizo, fue su obra y no obra del benedictino. Si, en razón de las necesidades del momento, la Iglesia se impuso sobre la regla que él observaba, e hizo de él lo que ni la tradición ni sus deseos le sugerían, tales casos no pueden juzgarse como típicos ejemplos de labor benedictina ni tampoco como modificaciones de la esencia benedictina. Y tales casos abundan. El propio San Benito había visto difícil el que un sacerdote formase en las filas de sus hijos, dejando expreso en su Regla: “Si un sacerdote pide ser recibido en un monasterio, su pedido no debe ser aceptado de inmediato; pero si él persistiese, que se comprometa a observar toda la disciplina de la regla, sin mengua alguna” –C 60. Pero el propio Papa Gregorio (Magno), arrancado violentamente del claustro para ocupar el trono pontificio, no tuvo contemplaciones con sus hermanos así como no la habían tenido con él. De entre ellos nombró muchos obispos. Y desde su propio convento del monte Coelius envió a Agustín y sus compañeros como misioneros apostólicos para evangelizar a los Anglo-Sajones, y decidió colocar por entero en manos de los monjes al episcopado, los sacerdotes y el laicado de la raza recién convertida. En cuanto a los Arzobispos de Canterbury, fueron a la vez monjes hasta el siglo XII. […]

San Beda, patrono de los historiadores
Teodoro hizo su aparición a fines del siglo que inauguró el misionero Agustín, y casi justo cuando todo el territorio de Inglaterra se había convertido a la fe de Cristo. Trajo consigo los clásicos Griegos y Latinos, y estableció escuelas para las dos lenguas en varios puntos del país. A partir de entonces se fundó el plan de las Siete Ciencias en las Escuelas Benedictinas. De Teodoro proviene Egberto y la escuela de York; de Egberto procede Beda y la escuela de Jarow; y de Beda viene Alcuino y las escuelas de París, Tours y Lyon. De éstas provienen Rabano y la escuela de Fulda; de Rabano vienen Walafrid y la escuela de Richenau, Lupus y la escuelas de Ferrières. De Lupus salen Heiric y Remy y la escuela de Rheims; de Rhemy sale Odón de Cluny; de Cluny proviene el célebre Gerberto, más tarde papa Silvestre II, y también Abón de Fleury al que ya me he referido, aunque no dando su nombre, en la primera parte de este boceto, contando que pagó una parte de la deuda contraída por los Francos a los Anglo-sajones, y lo hizo abriendo las escuelas de Ramsey Abbey, después de la incursión de los Daneses. […]

Ahora, suponiendo que el retrato histórico del Benedictino fue como éste, y que ulteriormente se nos dijo que se consagró al estudio y la enseñanza, y luego nos pidieran que, recordando la noción de su carácter “poético”, conjeturásemos qué libros estudió y a qué clase de alumnos enseñó, concluiríamos sin mucha dificultad que su literatura sería la Escritura y que los miembros de su escuela serían niños. Y si además nos preguntasen cuáles serían, después de la Escritura, las materias del programa para esos niños, es probable que no estuviésemos en condiciones de conjeturar nada en absoluto; pero seguramente no nos sorprendería mucho saber que el mismo espíritu que llevó al monje a preferir adaptar las antiguas basílicas para el culto en lugar de inventar una nueva arquitectura, u honrar a su emperador o rey por espontánea lealtad más que por definiciones teológicas, (ese mismo espíritu) indujo al monje a que, en materia de educación, retomara los viejos libros y asuntos que encontró listos a mano en las escuelas paganas, en la medida en que pudo hacerlo religiosamente, en lugar de aventurar experimentos por su cuenta. Esto es lo que sucedió. El monje adoptó el programa romano, enseñó las Siete Ciencias, empezando por la Gramática, es decir, los clásicos latinos, y si a veces también siguió con éstos, fue porque los muchachos le dieron tiempo hasta llegar más lejos. Los temas que escogió fueron la adecuada recompensa por haberlos elegido. Adoptó los escritores latinos porque amaba las prescripciones y porque poseía sus textos. Pero de hecho no había escritos que, como éstos, fueran más congénitos al temperamento monástico, por su natural belleza y por estar libres de intelectualismo. Tales fueron sus textos escolares, y puesto que “el niño es padre del hombre”, los pequeños monjes que los leyeron y escudriñaron, al crecer llenaron la atmósfera del monasterio con los trabajos y estudios de los que se habían compenetrado en su niñez. Y así fue en verdad, por más extraño que suene a nuestras ideas: aquellos niños eran monjes, y tanto como los monjes adultos. […]

Y podemos deducir que en los siglos en que se usó ese método el resultado fue bueno, no sólo por la historia de los hombres heroicos que con tal método se formaron, sino también por el principio que lo animaba. El monasterio era concebido como la casa paterna, no como el mero refugio del monje: era un orfanato, no un reformatorio; el padre y la madre lo habían abandonado y había crecido desde niño en la nueva familia que lo había adoptado. Era un hijo de la casa: la cual le había procurado todos los lazos y relaciones durante su soñadora juventud y en ella se cifraban las esperanzas y expectativas de sus años de madurez. Debía buscar afectos entre sus hermanos, y devolverles afecto a su vez. Vivía y moría en su compañía. Ellos rogaban por su alma, apreciaban su recuerdo, se enorgullecían de su nombre y atesoraban sus obras. Una agradable ilustración de este afecto fraternal nos sale al paso en la vida de Walafrid Strabo, Abad de Richenau, cuyos poemas, de cuando era un muchacho de quince o dieciocho años, fueron preservados por sus fieles amigos y así duraron hasta ahora. […]
Los pequeños infantes solo pueden contemplar lo que los rodea, y su aprendizaje les entra por los ojos. En los casos que he tomado, sus mentes han de haber recibido pasivamente las impresiones que les llegaron del escenario monástico, y han de haber sido modeladas por los semblantes graves y por los solemnes ritos que los rodeaban. Tal era la educación de estos pequeños quizás hasta los siete años, cuando, con el nombre de “pueri”, comenzaban formalmente su época escolar y les confiaban a su memoria la primera lección. Esta lección era el Salterio, ese maravilloso manual de oración y alabanza que, desde el tiempo en que fueron organizadas sus diversas partes, hasta los siglos últimos, ha sido el más precioso viaticum de la mente cristiana en su viaje a través del desierto. En los primeros tiempos, San Basilio (siglo IV) dice que el Salterio era la devoción popular en Egipto, África y Siria; y San Jerónimo les recomendó usarlo a las damas romanas que dirigía. Todos los monjes debían saberlo de memoria, y los jóvenes sacerdotes también, y un obispo no podía ser ordenado sin saberlo de memoria; y en las escuelas parroquiales los niños los aprendían de memoria. El Salterio, más la Oración del Señor y el Credo, constituían la condición sine qua non del discipulado. También en el hogar, las madres piadosas, como Lady Helvidia, madre del futuro San León IX, les enseñaban a sus hijos el Salterio. Por lo tanto, fue por observar una ley universal que lo aprendieron los niños Benedictinos, y lo dominaban antes de pasar a la escuela secular donde eran introducidos al estudio de la gramática.
Ruinas de la Abadía de York, Inglaterra
Rievaulx Abbey (Yorkshire, Inglaterra)
Rielvaux, en Yorkshire
Es necesario decir que Gramática no significaba lo que ahora, el mero análisis y reglas de la lengua bajo los rubros de etimología, sintaxis, prosodia; sino implicaba entrar en la ciencia de interpretar a los poetas y oradores, y la regla de "hablar y escribir bien". En la escuela monástica, la lengua del curso era por cierto el Latín; en la literatura latina venía ante todo Virgilio; después Lucano y Estacio; Terencio, Salustio, Cicerón; Horacio, Persio, Juvenal; y, entre los poetas cristianos: Prudencio, Sedulio, Juvencus, Aratus. Así encontramos a los monjes de St. Alban’s, cerca de Mayence, exponiendo sobre Cicerón, Virgilio y otros autores. En la escuela de Paderborne había conferencias sobre Horacio, Virgilio, Estacio y Salustio. Teodulfo relata acerca de sus estudios juveniles de los autores cristianos: Sedulius y Paulinus, Aratus, Fortunatus, Juvencus y Pudencio, y, los clásicos Virgilio y Ovidio. El monje Gerberto, luego papa Silvestre II, después de enseñar lógica, volvía de nuevo a Virgilio, Estacio, Terencio, Juvenal, Persio, Horacio y Lucano. Se conserva una obra de San Hildeberto que se supone haber sido un ejercicio escolar: se trata de una especie de centón de Cicerón, Séneca, Horacio, Juvenal, Persio, Terencio y otros autores; parece que a Horacio lo sabía casi de memoria. Teniendo en cuenta la cantidad de autores que había que estudiar para llegar a poseer un correcto conocimiento del Latín, y la extensión de las obras de los autores citados en la lista anterior, podemos inferir razonablemente que con la ciencia de la Gramática empezaba y terminaba la enseñanza Benedictina, salvo en lo concerniente a la instrucción religiosa que es aún más indispensable para la vida cristiana que la adquisición de conocimientos. A los 14 años terminaba la adolescencia y con ella, por lo común, el período escolar. A partir de allí los jovencitos laicos partían para sus carreras seculares, y los monjes empezaban los estudios apropiados para su vocación sagrada. De entre éstos, los jóvenes más destacados eran destinados a proseguir sus estudios seculares. Para saber de qué se trataba en este caso, debemos volver a enfocar con más detalle el programa completo cuya introducción era la gramática.  

Este programa derivaba de los primeros tiempos de la filosofía pagana y fue introducido para su uso en la Iglesia por la autoridad de San Agustín quien en su De Ordine lo considera como adecuada y suficiente preparación para el aprendizaje teológico. Apenas es necesario referirnos a la historia de su formación. Se nos dice que Pitágoras prescribió el estudio de la aritmética, la música y la geometría; que Platón y Aristóteles insistieron en la gramática y la música, y que ésta junto con la gimnasia, constituía la sustancia de la educación Griega; que Séneca habla, si bien no aprueba, de la educación de su época compuesta por gramática, música, geometría y astronomía; y que Filón les agrega además la lógica y la retórica. San Agustín, al enumerar estas materias, empieza con la aritmética y la gramática en la que incluye la reciente historia; después enuncia la lógica y la retórica; luego la música, dentro de la cual está la poesía, en cuanto dirigida al oído; por último, la geometría y la astronomía que requieren la vista. En cambio, antes, los Alejandrinos arreglaban las materias de otro modo, a saber: gramática, retórica y lógica o filosofía; y como ramas aparte las cuatro ciencias matemáticas: aritmética, música, geometría y astronomía. Y este ordenamiento fue el adoptado en la educación cristiana, llamando a la tres primeras Trivium y a las cuatro segundas Quadrivium.
La Gramática era enseñada en todas esas escuelas; pero para los que deseaban avanzar más allá de estos estudios juveniles, Carlomagno había fundado sedes de educación superior en las principales ciudades del Imperio, llamadas escuelas públicas, que pueden considerarse bosquejos, e incluso núcleos de las Universidades que surgieron en la época posterior. Es el caso de París, Tours, Reims y Lyon en Francia; Fulda en Alemania; Boloña en Italia.
Monasterio de Sant Johann, Munster
Las escuelas benedictinas se atenían a las siete ciencias antedichas pero limitándose a lo elemental, salvo en el caso de la Gramática. Así leemos que San Bruno de Segni (alrededor del 1080), después de los fundamentos de “litterae humaniores”, recibido cuando era chico de los monjes de San Perpetuus, cerca de Aste, se dirigió a las escuelas de Boloña en búsqueda de “altiores scientiae” (más elevadas ciencias). San Abón de Fleury (año 990), tras completar en dicho monasterio la gramática, la aritmética, la lógica y la música, fue a París y a Reims a estudiar filosofía y astronomía. Rabano (año 840) pasó de Richenau a Fulda. San William (año 908), cuyos padres lo habían entregado como oblato a San Benito en San Miguel cerca de Vercelli, prosiguió sus estudios en Pavía. Gerberto (año 990), se dedicó a la física, yendo de Fleury a Orleáns, y luego a España. San Wolfgang (año 990) fue enviado por un tiempo, desde Ferrières a Fulda. También cabe mencionar que Fulberto de Chartres (año 1000), aunque no era monje, igualmente enviaba a sus alumnos a terminar sus estudios en escuelas más célebres que la suya. La historia nos ofrece datos de los temas estudiados en esta etapa superior. Leemos que Gerberto daba clases sobre las Categorías de Aristóteles y sobre la Isagogué (Introducción a la Filosofía) de Porfirio; San Teodoro enseñaba Griego y matemáticas a los jóvenes anglosajones; Alcuino daba las siete ciencias en York; y en algunos monasterios alemanes había clases de griego, hebreo y árabe. Los monjes de Saint Bénigne de Dijon daban clases de medicina; la abadía de San Gall poseía una escuela de pintura y grabado; el beato Tubilo de dicha abadía era matemático, pintor y músico. Leemos acerca de otro monje del mismo monasterio, que siempre estaba tallando en madera cuando no estaba en el altar, y acerca de otro que trabajaba en piedra. Otra actividad era copiar manuscritos cuya perfección no es comparable con las posteriores realizaciones de la época escolástica.  […]
Pero por otra parte la Gramática, en el sentido que hemos definido, no era un estudio superficial ni un instrumento insignificante de cultivar la mente; tanto es así que la tarea escolar del muchacho pasaba a ser el esparcimiento del hombre a lo largo de toda la vida. En medio de los serios deberes de su sagrada vocación, los monjes nunca olvidaban los libros que habían atraído y refinado su juvenil imaginación. […]
Monasterio de Saint Michel, Francia
Cuando me preguntan, pues, si estos estudios son sólo accidentales, y signos de un declive religioso, yo respondo que, por el contrario, a ellos se han dedicado mucha personas eminentes en el cumplimiento de sus hábitos ascéticos y de devoción, y que íntimamente participaban en el mismo espíritu de mortificación de San Benito y San Romualdo, al punto de ser reputados como santos, y haber sido de hecho canonizados o beatificados. Teodoro es “santo”; Alcuino y Rabano son “beatos”, Hildeberto es “venerable”; Beda y Adelmo son santos; al igual que San Angilberto, San Abón, San Bertharius, San Adalhard, San Odón y San Pascasio Radberto. Al menos los católicos deben sentir toda la fuerza de este argumento, pues no les está permitido atribuir ningún descuido de su vocación a quienes la Iglesia eleva como ejemplos del divino poder, habiendo demostrado además, por medio de milagros, su estado de beatitud en la eternidad.
Ésta es mi observación de un lado de la cuestión; por el otro lado, es evidente, por lo ya dicho, que no cabe suponer que la erudición crítica o la erudición clásica ocupase toda la vida, ni siquiera en el caso de esa minoría de la familia monástica que tomó una parte tan prominente en la educación de su época. Ya he puntualizado que, tras los años escolares, los monjes se dedicaban tan poco a los clásicos, exceptis excipiendis, como sucede hoy en día con los miembros del parlamento o los caballeros rurales. Ellos tenían sus serios compromisos, como ahora los hombres de estado, aunque de otra especie, y a ellos se entregaban. Su único estudio era la Teología, y la literatura secular estaba a su servicio, primero como ayuda y ornamento, y luego como manera de distenderse del ejercicio mental que aquella suponía. […]
San Martín de Canigó, Francia
Y así concluye el Período Benedictino propiamente dicho; este honor le fue conferido por la Providencia a la gran Orden de la cual recibe ese nombre, en recompensa por sus largos y pacientes servicios a la religión, al punto que, si bien sus monjes no iban a ser inmediatamente empleados por la Iglesia en el sentido especial en el cual ellos habían sido sus ministros durante muchos siglos, todavía iban a ser los primeros en señalar, y estrenar, aquellas nuevas armas que Órdenes de diferentes temperamento estaban destinadas a empuñar frente a una nueva clase de oponentes.
No es menos significativo que la Iglesia Anglo-Sajona, que fue la creación de los Benedictinos, y la sede desde la cual su influencia irradió para la conversión de Europa, desde el Báltico hasta la bahía de Vizcaya, haya tomado parte en ese honor; y que así como Teodoro fue llevado desde Tarso a Canterbury, allí también fueron llevados Lanfranco desde Lombardía y Anselmo desde el Piamonte, para ocupar sucesivamente el trono episcopal de Teodoro.
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Bto. Card. John Henry Newman

John Henry Newman: The Benedictine Schools from the Atlantis of January, 1859; en HISTORICAL SKETCHES Vol. II, Longmans, London, 1906
Traducción: Dra. Inés de Cassagne

Extractado de: http://www.amigosdenewman.com.ar/wp-content/uploads/2014/05/LAS-ESCUELAS-BENEDICTINAS.pdf