viernes, 22 de septiembre de 2017

Objetor de conciencia


El tema de los objetores de conciencia no es de nuestros días. Ya existieron en el siglo III de nuestra era cristiana.
El emperador Maximiano marchaba a la Galia a sofocar una revuelta. Tenía entonces el emperador una legión por nombre Tebea. Eran soldados cristianos que procedían del Alto Egipto. Al mando de esta legión estaba Mauricio. Justo antes de marchar para Francia, visitó Mauricio al Papa Marcelo en Roma.

Iban las tropas de camino. Se detuvieron en Suiza por orden del emperador, que era un estricto observante de la religión pagana, para ofrecer sacrificios a los dioses con el fin de que los protegieran en las batallas que les aguardaban.

Y he aquí que los soldados valerosos de esta legión se niegan en rotundo a hacer semejante culto a las deidades romanas. Ante esta actitud insólita, son apartados del resto del ejército y acusados de sedición. Mauricio arguyó que si no les obligaban a sacrificar a los dioses lucharían contra el enemigo de Roma, pero que si les obligaban ellos renunciaban incluso a defenderse del castigo que les impusiese el emperador.

Maximiano se enteró de lo que consideró una deserción y ordenó que los decapitaran a todos. Los tebanos, en lugar de atemorizarse por la futura muerte, dan muestras de una valentía increíble. Levantan un altar cerca del lago Lehman, donde se encontraban, y esperan su martirio. Este se produce inexorablemente. Tres soldados de otras legiones que se negaron por respeto a apropiarse de las propiedades de los Tebanos y confesaron su fe, fueron martirizados también.

Los cristianos, siempre amantes de sus héroes santos, comenzaron a tributarles culto en el siglo IV. Es más, se comprometieron a dar a conocer esta hazaña al mundo entero mediante cartas o viajes por el imperio. Muchos soldados cristianos después a lo largo de los siglos, cuando tenían que luchar, rezaban a san Mauricio y su legión para que los defendiera de los peligros de contaminarse con el afán de rapiña, de venganza, y lo que pudiese desdecir del caballero cristiano. 

¡Más vale una muerte digna por amor a Dios que una vida hipócrita por amor al prestigio que otorgan los hombres sin fe!

sábado, 16 de septiembre de 2017

CÓMO SALIR DE LA CULTURA DEL MALESTAR

1-        ¿Qué es la cultura del malestar?
Se trata de un modo negativo de enfrentar las dificultades y diferencias que inevitablemente surgen en la vida.

2-        ¿Cuáles son sus manifestaciones cotidianas?
El enojo, la protesta, la queja (las más de las veces todo esto con justa razón), el perjuicio del vecino, del que no tiene parte en las causas del problema, que a su vez se enoja, se queja y reacciona negativamente.
Se produce una reacción en cadena, en que el malestar de unos se va trasladando a otros y así genera un clima, una atmósfera adversa a la vida.

3-        ¿Cuáles son sus raíces?
a-  El egoísmo: no querer ver más allá de mis narices y de mis intereses próximos.
b-   El hábito social de la protesta, y de la protesta violenta (cortar calles, tomar instituciones, destruir bienes muebles e inmuebles, insultar, etc)
c-   La dialéctica y la lucha como único método para lograr objetivos.
d-   La  conciencia de ser siempre acreedores y nunca deudores.

4-        ¿Cuáles son sus consecuencias?
En la sociedad: la percepción de que se está en una jungla, de que estamos ”todos contra todos”.
En las personas: la soledad, el estrés, la ansiedad, la depresión.

5-        ¿Tiene cura?
Salvo la muerte, todo tiene alguna solución en esta vida.
Debemos generar en el cuerpo social el sentido de solidaridad.
Nadie quiere el mal para sí. ¿Por qué desearlo para el vecino?
Tenemos que empezar a pensar lo social con criterios ecológicos. Lo que daña a uno, daña al todo. Nadie queda indemne cuando lo que prima son los sentimientos y las acciones negativas.

6-        Acciones a favor de la cultura del bienestar:
a-    Fomentar el respeto.
b-    Fomentar la solidaridad.
c-    Dar lo mejor de uno mismo.
d-    Amar el orden.
e-    Buscar, admirar y contemplar la verdad, la bondad y la belleza.

jueves, 14 de septiembre de 2017

A la Virgen de los Dolores



Resultado de imagen para Nuestra sra de los doloresDame tu mano, María,
la de las tocas moradas.
Clávame tus siete espadas
en esta carne baldía. 
Quiero ir contigo en la impía
tarde negra y amarilla.
Aquí en mi torpe mejilla
quiero ver si se retrata
esa lividez de plata,
esa lágrima que brilla.

Déjame que te restañe
ese llanto cristalino,
y a la vera del camino
permite que te acompañe.
Deja que en lágrimas bañe
la orla negra de tu manto
a los pies del árbol santo
donde tu fruto se mustia.
Capitana de la angustia:
no quiero que sufras tanto.

Qué lejos, Madre, la cuna
y tus gozos de Belén:
- No, mi Niño. No, no hay quien
de mis brazos te desuna.
Y rayos tibios de luna
entre las pajas de miel
le acariciaban la piel
sin despertarle. Qué larga
es la distancia y qué amarga
de Jesús muerto a Emmanuel.

¿Dónde está ya el mediodía
luminoso en que Gabriel
desde el marco del dintel
te saludó: -Ave, María?
Virgen ya de la agonía,
tu Hijo es el que cruza ahí.
Déjame hacer junto a ti
ese augusto itinerario.
Para ir al monte Calvario,
cítame en Getsemaní.

Resultado de imagen para piedad del vaticanoA ti, doncella graciosa,
hoy maestra de dolores,
playa de los pecadores,
nido en que el alma reposa.
A ti, ofrezco, pulcra rosa,
las jornadas de esta vía.
A ti, Madre, a quien quería
cumplir mi humilde promesa.
A ti, celestial princesa,
Virgen sagrada María.

Gerardo Diego (1896 - 1987)
Ofrenda - Via Crucis

jueves, 7 de septiembre de 2017

Escritura cursiva y neurociencias

Los efectos sobre el cerebro de escribir en cursiva
Una de las primeras cosas que aprendimos cuando nosotros, los adultos, íbamos a la escuela era cómo escribir el abecedario en letras mayúsculas y minúsculas y, luego, cómo escribir palabras, oraciones, párrafos y ensayos a mano. Algunos de nosotros tuvimos la suerte de tener clases de caligrafía donde aprendíamos cómo lograr que nuestra escritura sea linda y legible. Actualmente, la escritura en el teclado está de moda y los Estándares Educativos en EE.UU. ya no requieren que los estudiantes de la primaria aprendan a escribir en letra cursiva. Es más, algunas escuelas rechazan dicha enseñanza ya que la consideran una “habilidad del pasado”.[1]
Según Zaner-Bloser Inc., una de las editoriales del país especializadas en la escritura manuscrita, la enseñanza de escritura manuscrita en las escuelas primarias supone poco más de una hora semanal. La escritura en letra cursiva no se enseña generalmente después del tercer grado (yo tenía clases de caligrafía en 7º grado; a lo mejor es una coincidencia, pero fue en 7º grado cuando mágicamente pasé de ser un estudiante mediocre a uno excepcional).
Sin embargo, los científicos están descubriendo que el aprendizaje de la letra cursiva es una herramienta crucial para el desarrollo cognitivo, particularmente para entrenar el cerebro desde el punto de vista de la “especialización por áreas del cerebro”[2], es decir, del rendimiento óptimo. Mediante el aprendizaje de la escritura en cursiva, el cerebro desarrolla una especialización por áreas que integra la sensación, el control del movimiento y el razonamiento. A diferencia de la escritura en el teclado y la práctica visual, según estudios de tomografías del cerebro, diversas áreas del cerebro se coactivan durante el aprendizaje de la escritura en cursiva.
Existe un beneficio externo para la habilidad de razonamiento que se emplea en la lectura y escritura. Para escribir con una letra cursiva legible se necesita un cierto nivel de control de motricidad fina sobre los dedos. Los alumnos deben prestar atención y pensar qué están haciendo y cómo lo están haciendo. Tienen que practicar. Estudios con tomografías cerebrales revelan que la cursiva activa áreas del cerebro que no están involucradas cuando se escribe en el teclado.
En general, muchos de los beneficios de escribir a mano derivan simplemente de la mecánica de trazar letras. Durante un estudio realizado en la Universidad de Indiana y que se publicará este año[3], investigadores analizaron, mediante imágenes de resonancia magnética, a niños pre-alfabetizados de 5 años de edad antes y después de que fueran instruidos en el aprendizaje de la cursiva. En aquellos niños que habían practicado a mano la escritura, la actividad neuronal fue mucho más destacada y similar a la de los adultos que en aquellos niños que simplemente observaron las letras. El “circuito de lectura” en el cerebro, el circuito de áreas asociadas que se activan durante la lectura, se activó al trazar la escritura manuscrita, no así al escribir sobre el teclado. De la misma manera, esta investigación demostró que escribir letras en un contexto significativo, contrapuesto al de sólo dibujarlas, activa de forma más sólida diversas áreas en los dos hemisferios.
Al aprender la escritura manuscrita, incluso si se trata de la escritura en mayúsculas, el cerebro de un niño deberá:
·         Distinguir cada trazo respecto a otros.
·      Aprender y memorizar el tamaño adecuado, oblicuidad de la forma global y la característica detallada de los rasgos de cada letra.
·         Desarrollar habilidades de categorización.
La escritura en letra cursiva trae consigo aún más beneficios que la escritura en mayúsculas, ya que los movimientos son más difíciles, las letras menos estereotipadas y la necesidad del reconocimiento visual crea una mayor variedad de formas de representar las letras. Además, la letra cursiva es más rápida y más atractiva para los estudiantes ya que les da un mayor sentido de estilo personal y pertenencia.
Otro estudio destacó la relación exclusiva que existe entre la mano y el cerebro a la hora de pensar y tener ideas. Virginia Berninger, una profesora de la Universidad de Washington, dio a conocer su estudio sobre niños en primer, segundo, cuarto y sexto grado, en el cual revelaba que los niños que escribían más palabras, más rápidamente y expresaban mejor las ideas cuando escribían ensayos a mano que cuando lo hacían sobre un teclado.[4]
Existe todo un campo de investigación conocido como “háptica” que comprende las interacciones del tacto, movimientos de la mano y funciones del cerebro.[5] La escritura en letra cursiva ayuda a entrenar el cerebro con el fin de integrar la información visual y táctica así como también la habilidad motora fina. Se está volviendo una obsesión para los sistemas educativos, a cargo de ideólogos desinformados y de instrucciones federales, evaluar conocimientos a costa del entrenamiento de niños para desarrollar una mejor capacidad de adquirir conocimientos.
Los beneficios para el desarrollo cerebral son similares a lo que se obtiene cuando se aprende a tocar un instrumento musical. No todos pueden pagar clases de música pero todos tienen acceso al lápiz y al papel. No todos pueden comprar un ordenador a sus hijos (a lo mejor estos niños no son tan desafortunados como creemos).
No nos desanimemos. El 23 de enero, algunas escuelas en EE.UU. celebran el “Día nacional de la escritura manuscrita”. La letra cursiva aún sigue viva. Es necesario que los padres insistan en que se siga enseñando en las escuelas.
 Resultado de imagen para escribir a mano
[1]Slape, L. “Cursive Giving Way to Other Pursuits as Educators Debate Its Value.” The Daily News, 4 defeb, 2012. http://tdn.com/news/local/cursive-giving-way-to-other-pursuits-as…
[2] James, Karin H. an Atwood, Thea P. (2009).The role of sensorimotor learning in the perception of letter-like forms: Tracking the causes of neural specialization for letters. Cognitive Neuropsychology.26 (1), 91-100.
[3] James, K.H. and Engelhardt, L. (2013). The effects of handwriting experience on functional brain development in pre-literate children. Trends in Neuroscience and Education.Article in press.
[4]Berninger, V. “Evidence-Based, Developmentally Appropriate Writing Skills K–5: Teaching the Orthographic Loop of Working Memory to Write Letters So Developing Writers Can Spell Words and Express Ideas.” Presented at Handwriting in the 21st Century?: An Educational Summit, Washington, D.C., 23 de enero, 2012.
[5]Mangen, A., and Velay, J. –L. (2010). Digitizing literacy: reflections on the haptics of writing.In Advances in Haptics, edited by M. H. Zadeh.http://www.intechopen.com/books/advances-in-haptics/digitizing-li….

Fuente: http://zolani.es/los-efectos-de-escribir-en-letra-cursiva-sobre-el-cerebro/ (las negritas son nuestras- MGdeJ)

lunes, 4 de septiembre de 2017

La admiración


Por R. P. Alfredo Sáenz, S. J.

Resultado de imagen para Paisajes maravillososLa admiración se opone en particular a una cierta superficialidad que a veces parece afectar a nuestras facultades espirituales, y por consiguiente a la indiferencia o a la rutina que son su consecuencia.
“Assueta vilescunt”, dice un viejo adagio, las cosas reiteradas se envilecen. La capacidad de admiración supone siempre “ojos nuevos”, una nueva y original mirada sobre el objeto o la persona que asombra. Como ojos nuevos necesitaron los apóstoles para poder contemplar al Cristo transfigurado. La admiración tiene que ver, pues, con la inteligencia, que se extasía ante la verdad, al percibir su carácter inefable, pero también influye en la voluntad, excitando el amor, según aquello que decía San Francisco de Sales, es a saber: que “el amor hace fácilmente admirar y la admiración amar”
E incluso inspira al sentimiento, suscitando la poesía. De ahí lo que afirmaba San Tomás: “El motivo por el que el filósofo se asemeja al poeta es porque los dos tienen que habérselas con lo maravilloso”.
La admiración, que impregna los actos más importantes de la vida religiosa, como la adoración, la alabanza, la reparación, la acción de gracias, es un eco de la inefabilidad del misterio. Por eso la liturgia, escuela de admiración, incluye, si bien la extrema sobriedad, algunas expresiones de asombro, según puede observarse en las antífonas del Oficio Divino llamadas en O, que preparan la Navidad: O Sapientia, O admirabile commercium, etc., así como en el lírico texto del Exsultet o pregón pascual: O mira circa nos tuae pietatis dignatio (¡oh admirable dignación de tu piedad para con nosotros!).
Asimismo la Escritura, leída con espíritu sapiencial, suscita inevitablemente el impulso admirativo. Cuando Bossuet, en sus “Elevaciones sobre los misterios”, comenta el prólogo del evangelio de San Juan, aquel apóstol al que la tradición llamó “el águila de Patmos”, deja trasuntar la admiración que se despierta en su alma, culminando en una especie de éxtasis literario: “Ay, me pierdo, no puedo más, no puedo decir sino Amén… ¡Qué silencio, qué admiración, qué asombro!”.
Por algo el P. Alvarez de Paz eximio escritor espiritual, unía inextricablemente la admiración con el silencio.
La admiración entra incluso en los grados más elevados de vida espiritual, particularmente en la contemplación. “La primera y suprema contemplación —dejó escrito San Bernardo— es admiración de la majestad”. Requiere un corazón purificado que fácilmente se eleve a lo superior”. Para Ricardo de San Victor el paso de la meditación a la contemplación se opera por un acto de admiración prolongada; más aún, la admiración impregna la misma contemplación y en cierta forma la abre al éxtasis: “Por meditación el alma se eleva a la contemplación, por la contemplación a la admiración, por la admiración al éxtasis”.
Santa Teresa, en su descripción de los estados místicos; refiere varias veces a la admiración. Allí afirma que el asombro del alma, tras haberse ido acrecentando incesantemente, acaba por apaciguarse en una especie de acostumbramiento, no ciertamente de índole rutinaria, sino de carácter superior, de familiaridad con los esplendores divinos, propio del estado de matrimonio espiritual.



sábado, 2 de septiembre de 2017

Tres grandes de las letras

La sabiduría de la claridad, el arraigo y la ingenuidad

Escrito por Joseph Pearce
Publicado: 04 Julio 2017

C.S. Lewis es realmente la claridad personificada; Tolkien es el arraigo en el auténtico terreno y alma de la realidad; y Chesterton es la ingenuidad en sabiduría, inocencia y asombro.
Una de las preguntas más interesantes y naturalmente sugerentes que me han planteado en una entrevista me la hizo un estudiante del Montreat College de Carolina del Norte. Este joven, quien me entrevistaba antes de un par de charlas sobre los Inklings en su instituto, me pidió que describiese a TolkienLewis y Chesterton con una sola palabra para cada uno. Tras un momento de vacilación, decidí abordar la cuestión como un juego de asociación de palabras, replicando con la primera palabra que me vino a la mente para cada escritor. Para Lewis, dije “claridad”; para Tolkien, “arraigo”; y para Chesterton, “ingenuidad”. A posteriori he estado meditando por qué escogí esas tres etiquetas como características definitorias de cada escritor.
Resultado de imagen para C. S. LewisEmpezando por C.S. Lewis, estoy seguro de que elegí “claridad” como su característica definitoria por la forma sorprendente en que puede hacer que la cuestión filosófica o teológica más abstracta resulte totalmente comprensible para el lector medio, independientemente de su falta de formación formal en filosofía o teología. No es que nos haga más inteligentes de lo que somos −que nos hace−, es que nos hace ver que éramos más inteligentes de lo que pensábamos. Por ejemplo, tras leer a Lewis, no hay ninguna razón para que alguien sienta que la metafísica está más allá de su entendimiento. La sencilla didáctica con la que desvela y desentraña las doctrinas fundamentales de la fe cristiana en su libro Mero Cristianismo es un buen ejemplo.
Lewis nos enseña con una habilidad tan natural y modesta que casi no nos damos cuenta de que estamos siendo instruidos. Él hace que la verdad parezca tan obvia e inexorable que sentimos que ya sabemos lo que él nos enseña, y que siempre lo hemos sabido, al menos subconscientemente. Nos da la impresión de que Lewis simplemente nos está recordando lo que ya sabíamos, aun si, cuando reflexionamos sobre ello con honestidad, sabemos que en el pasado hemos sido demasiado ciegos para ver la verdad obvia que ahora resplandece ante nosotros. En suma, el gran fruto de la claridad de Lewis es que muestra a sus lectores que las grandes verdades son cognoscibles aplicando el sentido común puro y simple. ¡Las verdades de la fe y de la razón tienen sentido porque son decididamente sensatas!
Resultado de imagen para TolkienElegí la palabra “arraigo” para describir y definir a J.R.R. Tolkien porque el arraigo es la auténtica esencia del hombre y su presencia es el principio animador de todas sus obras. Tolkien es alguien arraigado etimológica, eclesiológica e históricamente. Conoce el lenguaje como algo arraigado en la historia de toda palabra, por lo que toda palabra tiene su propia genealogía, su propio árbol familiar. Conoce la Cristiandad como algo enraizado en la tradición viva y en la continuidad ininterrumpida de la Iglesia católica, a la cual comparaba con un árbol que crece a través de los siglos desde la “semilla de mostaza” plantada por Cristo. Conoce la Historia como la historia viva del hombre en cuanto escrita por la mano providente de Dios, una historia que constituye un continuo ininterrumpido a través del tiempo, caracterizado por la naturaleza inalterable del hombre mismo como un ser roto que vive con los fragmentos que su ruptura deja en su estela, que vive con lo que podría denominarse los restos y deshechos de sus propios pecados y que sin embargo aspira siempre a algo mejor que es su vocación y su misión.
“En verdad soy cristiano, es más, católico”, escribió Tolkien, “así que no espero de la ‘Historia’ otra cosa que una ‘larga derrota’, aunque contenga… algunas muestras o destellos de la victoria final”. La ‘larga derrota’ es la presencia permanente de la oscuridad del pecado en los vaivenes de esa historia humana a la que llamamos Historia; las muestras y destellos de la victoria final son los ejemplos de santidad −de ese sacrificio heroico que es la auténtica “materia” de la santidad− brillando como candelas de luz divina en el tiempo cargado de pecados, hasta que el Escritor de la Historia la conduzca hasta un “final para siempre feliz” que concluye con Su propia Victoria Final.
Resultado de imagen para ChestertonY esto nos lleva al “ingenuidad” de G.K. Chesterton. ¿Por qué elegiría yo ese adjetivo como la palabra más apropiada para describir, ella sola, a tal hombre? ¿Por qué no “sabiduría” o “inocencia”, las dos palabras que elegí para el título de mi biografía sobre él? ¿Por qué no “asombro”? Cualquiera de ellas hubiera servido, sin duda, pero todas ellas están incorporadas en el adjetivo que escogí. La sabiduría de Chesterton es ingenua, como lo son su inocencia y su sentido del asombro. En la raíz de su ser, Chesterton poseía un profundo sentido de la gratitud por su propia existencia y por la existencia de todo lo demás, una gratitud que es en sí misma fruto de la virtud de la humildad, don que recibió en grado tan profundo como para capacitarle para ver con los ojos del asombro las glorias de la Creación de Dios. Con los ojos de un niño él podía ver que incluso las cosas más ordinarias eran extraordinarias, porque contienen la chispa divina, la divina presencia, que es la Grandeza de Dios brillando en Sus criaturas. El niño es, pues, como Dios, en el sentido de que puede ver todas las cosas que Dios ha hecho y ver que son buenas.
Tras reflexionar sobre mi forma espontánea de etiquetar a mis héroes con la primera palabra que entró en mi cabeza, estoy feliz de las elecciones improvisadas que hice. C.S. Lewis es realmente la claridad personificada; Tolkien es el arraigo en el auténtico terreno y alma de la realidad; y Chesterton es la ingenuidad en sabiduría, inocencia y asombro. Juntos, Lewis, Tolkien y Chesterton tal vez no sean una santísima Trinidad, pero ciertamente son un santo triunvirato que nos prepara para ver el mundo con arraigada claridad e ingenua sabiduría.
Josep Pearce
Artículo publicado originariamente en The Imaginative Conservative.
Traducción de Carmelo López-Arias.


domingo, 27 de agosto de 2017

¡Tarde te amé...


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¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva,
tarde te amé! y tú estabas dentro de mí y yo afuera,
y así por de fuera te buscaba; y, deforme como era,
me lanzaba sobre estas cosas que tú creaste.
Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo.
Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que,
si no estuviesen en ti, no existirían.
Me llamaste y clamaste, y quebraste mi sordera;
brillante y resplandeciente, y curaste mi ceguera;
exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo;
gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti;
me tocaste, y deseo con ansia la paz que procede de ti.
San Agustín, Confesiones, L. 7.