sábado, 29 de julio de 2017

El nombre de las cosas - 1 - Palabras de Joe Wright

Estas palabras fueron dichas por el ministro Joe Wright  cuando fue invitado a abrir la sesión del Senado de Kansas, en enero de 2009,... ¡y siguen vigentes!

“Señor, venimos delante de Ti este día, para pedirte perdón y para pedir tu dirección.
Sabemos que tu Palabra dice: ´Maldición a aquellos que llaman bien lo que está mal´ y es exactamente lo que hemos hecho.
Hemos perdido el equilibrio espiritual y hemos cambiado nuestros valores.
Hemos explotado al pobre y hemos llamado a eso ´suerte´.
Hemos recompensado la pereza y la hemos llamado ´ayuda social´.
Hemos matado a nuestros hijos que aún no han nacido y lo hemos llamado ´´la libre elección´.
Hemos abatido a nuestros condenados y lo hemos llamado ´justicia´.
Hemos sido negligentes al disciplinar a nuestros hijos y lo hemos llamado ´desarrollar su autoestima'.
Hemos abusado del poder y hemos llamado a eso: ´política´.
Hemos codiciado los bienes de nuestro vecino y a eso lo hemos llamado ´tener ambición´.
Hemos contaminado las ondas de radio y televisión con mucha grosería y pornografía y lo hemos llamado ´libertad de expresión´.
Hemos ridiculizado los valores establecidos desde hace mucho tiempo por nuestros ancestros y a esto lo hemos llamado ´obsoleto y pasado´.


Oh Dios, mira en lo profundo de nuestros corazones; purifícanos y líbranos de nuestros pecados. Amen.”



Nota histórica: Este discurso causó indignación, varios senadores se retiraron, y se dijo que fue dicho con un lenguaje intolerante.

jueves, 27 de julio de 2017

Héroes que cambiaron la historia

El heroísmo de los polacos detuvo la política expansionista de lenin

El milagro del Vístula: 

Cuando la católica Polonia detuvo la invasión soviética de Europa

He encontrado un emocionante vídeo subtitulado en inglés y publicado en el canal de Youtube de Paulus4AD, elaborado con imágenes de la película “Bitwa Warszawska 1920″ (La Batalla de Varsovia de 1920), rodada por el cineasta polaco Jerzego Hoffmana en 2011.

El objetivo de Lenin: extender el comunismo por toda Europa
Los hechos que relata el vídeo ocurrieron durante la Guerra polaco-soviética (1919-1921), iniciada tras la recuperada independencia de Polonia (llevaba más de un siglo ocupada por Prusia, el Imperio Austrohúngaro y Rusia). Animado por su victoria sobre los ejércitos zaristas, Lenin se propone extender el comunismo al resto de Europa por medio de la fuerza, ocupando Polonia para después apoyar a los comunistas alemanes, que en enero de 1919 habían encabezado el violento Levantamiento Espartaquista. En Polonia se decidirá la suerte de Europa.

Los polacos se preparan para una defensa con pocas esperanzas de éxito
En el verano de 1920 la situación es dramática para el país natal de Juan Pablo II. Hombres y mujeres, mayores y jóvenes (empezando por los Scouts: Polonia es un país con una gran tradición escultista), burgueses, campesinos y obreros, civiles y militares se preparan para defender su Patria e impedir que el Ejército rojo sojuzgue un país orgulloso de su fe católica. En las parroquias los sacerdotes llaman a los polacos a asumir su responsabilidad para con su pueblo yendo al combate contra el invasor. La comunidad internacional da por derrotada a Polonia. Todas las delegaciones diplomáticas extranjeras abandonan Varsovia, a excepción de la delegación británica y del Nuncio Achille Ratti, que dos años más tarde se convertirá en el Papa Pío XI. Las tropas soviéticas llegan a las proximidades de Varsovia. Los únicos aliados con que cuentan los polacos son un grupo de pilotos estadounidenses voluntarios (el llamado Kościuszko’s Squadron, que combatirá en esta batalla) y unos centenares de asesores militares británicos y franceses (entre ellos Charles de Gaulle, que durante esta contienda obtendrá la mayor condecoración militar polaca, la Virtuti Militari). Hungría, país tradicionalmente amigo de Polonia, ha intentado enviar 30.000 jinetes armados en apoyo de los polacos, pero el Gobierno checoslovaco no les ha permitido pasar.

Venciendo a los soviéticos con una cruz al frente
Los soviéticos han planeado cruzar el río Vístula y rodear Varsovia. El 12 de agosto cae el pueblo de Radzymin, a sólo 23 kilómetros de Varsovia. El día 14 tienen lugar durísimos combates en el pueblo de Ossów, a 18 kilómetros de Varsovia. Muchos de sus defensores son jóvenes universitarios polacos, todos ellos voluntarios. Junto a los defensores está el sacerdote Ignacy Skorupka, capellán del Ejército polaco. El padre Skorupka muere en estos combates cuando anima a sus compatriotas, encabezando su avance solamente con una cruz en su mano. Esa tarde los soviéticos son rechazados de forma totalmente inesperada. Ossów  es la primera escaramuza que acaba en victoria polaca desde que se inició la ofensiva bolchevique. En la actualidad un monumento en Varsovia recuerda el heroísmo del padre Skorupka.

Frenan el avance bolchevique el día de la Asunción de la Virgen
El 15 de agosto el avance comunista sobre Varsovia es frenado. En una durísima batalla que deja muchas bajas, los polacos consiguen rodear a los bolcheviques y les ponen en fuga. La célebre caballería polaca rechaza a sablazos y lanzadas a los invasores. Significativamente, y contra todo pronóstico, el avance rojo hacia Varsovia es detenido el día de la Asunción de la Virgen. Los polacos lo recordarán como “el Milagro del Vístula”. En conmemoración de aquella victoria, Polonia celebra cada 15 de agosto el día de sus fuerzas armadas.

El comunismo se ve obligado a aplazar su expansión más de dos décadas
Para la Rusia comunista la derrota de Varsovia es demoledora. Sus dirigentes temen que Polonia, enardecida, invada Rusia y piden la paz, que se inicia en octubre con un alto el fuego y se consolida con la firma del Tratado de Riga el 18 de marzo de 1921, quedando la frontera entre ambos países delimitada de forma muy similar a como estaba en 1772. La derrota soviética ante Polonia tiene consecuencias para toda Europa: Lenin abandona su política de expansionismo y adopta la tesis del “socialismo en un solo país”, refrendada tras su muerte por el XIV Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética. El sacrificio de los polacos permite aplazar más de dos décadas, hasta después de la Segunda Guerra Mundial, el dominio comunista sobre media Europa. A causa de ello, en la Polonia comunista esta batalla es objeto de una férrea censura y manipulación. Hoy la Polonia libre recuerda a aquellos héroes con orgullo y agradecimiento. En el resto de Europa prácticamente han pasado al olvido. Edgar Vincent, uno de los representantes británicos en Polonia en los momentos en que se desarrolló esa batalla, escribió años después:
“La historia de la civilización contemporánea no conoce un evento de mayor importancia que la batalla de Varsovia, 1920, y ningún otro cuyo significado haya sido más menospreciado.”

Fuente: http://www.outono.net/elentir/2016/06/10/el-milagro-del-vistula-1920-cuando-la-catolica-polonia-detuvo-la-invasion-sovietica-de-europa/

martes, 25 de julio de 2017

Santiago Apóstol

 Es tan grande, que hasta Federico le canta!!!


El Apóstol Santiago

Balada ingenua (fragmento)

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Esta noche ha pasado Santiago
su camino de luz en el cielo,
lo comentan los niños jugando
con el agua de un cauce sereno.
¿Dónde va el peregrino celeste
por el claro infinito sendero?
Va a la aurora que brilla en el fondo,
en caballo blanco como el hielo.
¡Niños chicos, cantad en el prado,
horadando con risas al viento!
Dice un hombre que ha visto a Santiago
en tropel con doscientos guerreros.
Iban todos cubiertos de luces,
con guirnaldas de verdes luceros,
y el caballo que monta Santiago
era un astro de brillos intensos.
Dice el hombre que cuenta la historia
que en la noche dormida se oyeron
tremolar plateado de alas
que en sus ondas llevóse el silencio.
¿Qué sería, que el río paróse?
Eran ángeles los caballeros.
¡Niños chicos, cantad en el prado,
horadando con risas al viento!



Federico García Lorca (Granadino, 1899-1936)  

viernes, 21 de julio de 2017

22 de Julio: Fiesta de Santa María Magdalena

Magdalena   (Lc 10, 42)


Carlo Dolci, María Magdalena, 1664
Carlo Dolci, 1664: María Magdalena

Entre amores de esta tierra
preferiste claramente
el que daba Magdalena:
Dejaste que ella te ungiera,
-con el óleo de sus lágrimas
y el perfume de sus besos-
los pies que se encaminaban
con decisión y entereza
a la cima de aquel Monte
donde también te siguiera.
Dejaste que los secara
con seda de sus cabellos;
que casta te acariciara
y de nardos te cubriera.
A ella sola defendiste
de cuantos la criticaban
por ser una pecadora,
por no ayudar en la casa,
o por ser tan derrochona.
A ella sola Tú le hablabas
en la casa de Betania,
donde encontrabas reposo
a lo que el mundo te daba:
ignorante indiferencia,
aversión u odio que mata.
Allí ella sola escuchaba
tus confidencias sentidas,
y en amoroso silencio
restañaba tus heridas.
Jesucristo, Señor mío,
perdona esta petición,
que por cierto es atrevida:
¡déjame ser como ella
y a tus pies vivir rendida! 
MGdeJ

sábado, 15 de julio de 2017

Nuestra Señora del Carmen

16 de Julio: un día como éste, pero de 1251, la Virgen del Carmen, rodeada de ángeles, se le apareció al carmelita y general de la Orden, san Simón Stock; le hizo entrega de su escapulario, diciéndole: «Este será el privilegio para ti y todos los carmelitas; quien muriere con él no padecerá el fuego eterno, es decir, el que con él muriere se salvará»

Algunos testimonios de la devoción en estas imágenes:



viernes, 14 de julio de 2017

LOVE, by George Herbert

LOVE

Resultado de imagen para paisajes encantadosImmortal Love, author of this great frame, 
Sprung from that beauty which can never fade, 
How hath man parcel'd out Thy glorious name, 
And thrown it on that dust which Thou hast made, 
While mortal love doth all the title gain! 
Which siding with Invention, they together 
Bear all the sway, possessing heart and brain, 
(Thy workmanship) and give Thee share in neither. 
Wit fancies beauty, beauty raiseth wit; 
The world is theirs, they two play out the game, 
Thou standing by: and though Thy glorious name 
Wrought our deliverance from th' infernal pit, 
Who sings Thy praise? Only a scarf or glove 
Doth warm our hands, and make them write of love. 
    AMOR
    Amor Inmortal, autor de esta gran figura,
    nacido de una belleza que nunca se apagará;
    ¡cómo pudo el hombre parcelar Tu glorioso nombre,
    y arrojarlo a ese polvo que Tú mismo has hecho,
    mientras el amor mortal gana todo el honor!
    ellos se mueven con maestría, luego al unirse
    llevan todo el poder, poseyendo mente y corazón,
    (tu artesanía) y no te dejan parte en ninguno.
    La razón gusta de la belleza, y ésta la hace crecer;
    el mundo es suyo, ellas dos juegan en él,
    y Tú te quedas a un lado; y aunque Tu nombre
    trabajó en nuestra liberación de la fosa infernal,
    ¿quién canta Tu alabanza? sólo una bufanda o un guante
    abrigan nuestras manos, y las hacen escribir del amor.

jueves, 13 de julio de 2017

La atención, condición necesaria

Por Isabella Adinolfi

Para Simone Weil, rezar no significa otra cosa que orientar a Dios toda la atención de la que el alma es capaz.
Resultado de imagen de simone weil librosEstamos en 1940, Francia está parcialmente ocupada por los nazis y la intelectual judía francesa Simone Weil, tras muchas dudas deja París y, con sus padres, se traslada primero a Vichy, luego a Toulouse y finalmente en septiembre a Marsella, donde espera que sea más fácil embarcarse para unirse a los hombres de Francia Libre, el movimiento de la resistencia organizado por Charles de Gaulle en Inglaterra. Su plan se demostró muy pronto de difícil ejecución y, obligada a permanecer más tiempo en la ciudad mediterránea, entabló nuevas relaciones culturales y de amistad, recuperó viejas amistades y buscó trabajo como empleada agrícola. Esa estancia forzada, aunque le impida realizar de inmediato su plan político, sin embargo no es infructuosa. En Marsella, entre 1940 y 1941, la joven filósofa vivirá uno de los periodos espiritualmente más fecundos de su vida.
De hecho, a este periodo se remonta, además de la elaboración de los Cuadernos de Marsella y de los escritos sobre la tradición griega que confluirán en La fuente griega  e Intuiciones precristianas, la composición de algunos ensayos sobre el amor de Dios que representan auténticas joyas de meditación cristiana. Dos, entre estos, reflejan precisamente el significado de la oración: A propósito del Padrenuestro  Reflexiones sobre el buen uso de los textos escolásticos como medio de cultivar el amor de Dios.
Antes de su llegada a Marsella, Simone Weil nunca había rezado. Es cierto que ya había tenido en 1937 la experiencia de Asís, donde por primera vez en su vida algo más fuerte que ella la había obligado a arrodillarse mientras estaba en Santa María de los Ángeles, en la capilla de la Porciúncula, y luego durante la Pascua de 1938, la de Solesmes, el inesperado encuentro con Cristo, de tú a Tú, mientras recitaba la poesía de George Herbert, Love (1633). Pero nunca antes de entonces −confiesa a Joseph-Marie Perrin, el joven fraile dominico a quien conoció en Marsella y con quien mantuvo un abundante intercambio epistolar− se le había ocurrido rezar, en el sentido literal del término. Jamás había dirigido palabras a Dios, nunca había rezado una oración litúrgica. Entonces, ¿qué había pasado? ¿Qué la empujó a rezar?
Mientras trabajaba en la granja agrícola de Gustave Thibon, el filósofo-campesino que la había admitido por indicación de Perrin para enseñarle un poco de griego, Simone pensó utilizar el texto del Padrenuestro. Y fue entonces cuando la dulzura infinita de aquel texto griego la conquistó de tal modo que durante algunos días no pudo dejar de rezarlo ininterrumpidamente y, cuando más tarde comenzó a vendimiar, cada día, antes de iniciar el trabajo, rezaba el Padrenuestro en griego, y a menudo lo repetía en el viñedo. Desde ese momento en adelante se propuso rezarlo cada mañana con atención absoluta. «Si mientras lo rezo −confió al padre dominico, del que acabó siendo buena amiga− mi atención divaga o se adormece, aunque solo sea en medida infinitesimal, recomienzo de nuevo hasta que no haya tenido por completo una atención absolutamente pura».
Es fácil intuir de esta cita, lo importante que es el concepto de «atención» para comprender la concepción weiliana de la oración. Porque rezar para la francesa pensadora judía no significa otra cosa que orientar a Dios toda la atención de la que el alma es capaz, como se lee en el bonito ensayo escrito para los estudiantes católicos de Montpellier, Reflexión sobre el buen uso de los estudios escolásticos como medio de cultivar el amor de Dios. En ese sentido, la atención aplicada a los estudios escolásticos es una preparación y una educación para esa atención más elevada e intensa que la práctica de la oración requiere.
Y si para Weil la oración está hecha de atención, si esa es la sustancia, entonces rezar maquinalmente, sin prestar atención a las palabras pronunciadas mentalmente o en voz alta, significa no rezar, o al menos no rezar de verdad. Así pues, ¿qué es la atención y cómo se desarrolla? ¿Cómo nos volvemos atentos? ¿Cómo se educa en la atención y en la concentración?
Para Simone Weil la atención no es un acto de la voluntad ni un esfuerzo muscular. En su experiencia como profesora se había dado cuenta de que cuando pedía a los alumnos que prestasen atención, los veía arrugar la frente, contener la respiración, contraer los músculos, pero si unos instantes después les preguntaba a qué habían prestado atención, no eran capaces de responder. En realidad, no habían prestado atención, simplemente habían contraído los músculos.
Sin embargo, la atención para Weil tampoco es una cualidad innata o algo que suceda sin nuestro consentimiento: presupone un trabajo, comporta un esfuerzo, quizá más grande que cualquier otro, pero se trata de un esfuerzo negativo. Para mirar con atención un buen cuadro, escuchar un fragmento musical y, con mayor razón, para rezar a Dios, es necesario liberar la mente de preocupaciones, pensamientos, deseos personales, hacer el vacío en uno mismo. La atención es espera y, como la espera, presupone que se haya dejado aparte cualquier otra ocupación y cualquier otra meta, y se esté todo dirigido a lo que pasa. Para prestar atención hacen falta, pues, el trabajo y el esfuerzo con que la voluntad y el yo se quitan a sí mismos para hacerse disponibles a acoger y dejarse colmar por otro. Como la espera, la atención es una acción no agente, una actividad pasiva. Es el acto con que el yo se desprende de sí y vuelve a sí mismo: «La atención −leemos en el ensayo antes citado− es desprenderse de sí y volver a sí mismo, como se inspira y se expira».
Pero si para conocer la verdad hace falta prestar atención, para estar atentos hace falta desear la verdad. Solo un deseo bien orientado nos hace capaces de atención en los estudios, solo un auténtico amor por la verdad y por Dios nos hace capaces de recibirlos en la reflexión y en la oración. Simone Weil, alumna del filósofo kantiano Émile-Auguste Chartier (llamado Alain), está persuadida de que el deseo bien orientado es aquel que desea la verdad únicamente por la verdad, el bien solo por el bien. Cualquier otra motivación que intervenga en la atención con que nos disponemos a la verdad y a Dios la degrada, la contamina y la debilita.
Un alumno que se aplique con empeño a los estudios con el fin de sacar buenas notas en los exámenes, quizá hasta logre sacarlas, pero nunca conocerá la pura verdad. Su deseo no es bastante íntegro porque no está guiado por un pensamiento desinteresado, por esa «probidad intelectual» que sola, purificándolo, lo habría dirigido a la verdad. Del mismo modo, no se debe rezar a Dios, al Padrenuestro que está en los cielos, para pedirle algo, aunque sea lo más noble y elevado que nuestra voluntad mire como fin. Como dice la oración que Jesús nos enseñó, comentada línea a línea por la filósofa en A propósito del Padrenuestro, hay que rezar a Dios para que se haga su voluntad, cualquiera que sea.
La oración implica, pues, para Simone Weil, una disposición interior preventiva, una preparación al contacto con Dios. La actitud desinteresada, que Simone Weil prefiere definir «impersonal», es la que dispone a la atención y abre al conocimiento de la verdad. Mejor, que nos vuelve prontos para recibirla.
Siempre hay en Weil una radical desconfianza al yo y a todo lo que concierne la esfera de lo personal, que considera siempre infectada de egoísmo. Rezar, en definitiva, significa entonces para ella sacar el propio deseo y el propio pensamiento de la jaula del yo para orientarlos a Dios. Y el fin de la oración así concebida es el de asimilarnos a Dios, ser perfectos como nuestro Padre celestial, amar el mundo como él lo ama, de modo imparcial. Los versículos del Evangelio que Weil repetidamente comenta en su obra y parece tener siempre presentes en su reflexión religiosa son los que dicen: «que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos» (Mt 5,45).
Pero si en la oración nos volvemos sus hijos, semejantes a él en el amor, en la imitación de la indiscriminada distribución de la lluvia y de la luz del sol, dicha filiación y asimilación no son, sin embargo, una conquista del hombre. Para Simone Weil es Dios quien nos eleva y nos hace sus hijos. Así pues, si el deseo orientado a Dios es la única fuerza capaz de elevar el alma, a ese deseo responde la acción de Dios que viene a aferrar el alma y elevarla. «Él viene −anota la escritora− solo para los que le piden que venga; para aquellos que se lo piden asiduamente, prolongadamente, con ardor». E insiste: «Dios no puede eximirse de descender a ellos».
Dios, para Simone Weil, no es solo el destino impersonal de los estoicos, ni la necesidad, aunque esa sea uno de sus rostros, sino un Dios que ama, que escucha las plegarias sinceras de los hombres, que espera a la puerta de su alma, dispuesto a entrar en cuanto se le dé permiso.
Resultado de imagen para "Simone Weil"Es el Dios amor del Evangelio, de los místicos quien se hace presente a quien lo ama e invoca en la oración, pura y desinteresada, como le pasó a Simone durante el rezo del Padrenuestro. «A veces −cuenta a Perrin− ya las primeras palabras arrancan mi pensamiento de mi cuerpo para transportarlo a un lugar fuera del espacio, donde no hay ni perspectiva ni punto de vista. El espacio se abre. A la infinidad del espacio ordinario de la percepción le sustituye una infinidad elevada a la segunda o a la tercera potencia. Al mismo tiempo, esa infinidad de infinidades se llena de parte a parte de silencio, un silencio que no es ausencia de sonido, sino objeto de una sensación positiva, más positiva que la de un sonido. Los ruidos, si los hay, llegan a mí solo tras haber atravesado ese silencio. Y a veces, durante esos rezos o en otros momentos, Cristo está presente en persona, pero con una presencia infinitamente más real, más emotiva, más nítida y llena de amor que la de la primera vez que me sucedió».

Traducción de Luis Montoya. En www.almudi.org, 6 de junio de 2017.