viernes, 24 de marzo de 2017

Al Verbo Encarnado  
En la Encarnación (Jn 1,14)
 Verbo eterno, Tú que expresas
 en el sonoro silencio
 y en el instante perpetuo
 la perfección infinita
 y la belleza divina
 del acto inmenso de ser;
 Tú, fecundante esplendor,
 luz de la gloria increada,
 que contienes los posibles
 donde el poder creador
 se regocija ab aeterno
 en elecciones de amor:
 ¿Qué lógicas inefables,
 qué misteriosos decretos
 anteriores a los tiempos,
 qué razones insondables,
 quisieron que fueras nuestro?
 ¿Qué inconcebible deseo,
 qué locura de tu amor,
 te arrebató de tu Cielo
 a este paraje de penas
 que nosotros, pecadores,
 sumimos en las tinieblas?

 Porque en el dártenos más,
parece más no podías,
te diste un cuerpo animado
del alma más exquisita
para ser sacrificado
como perfecta primicia.
Te diste Madre purísima
para asociarla a la dicha
de unírsete en la oblación
poniendo su Corazón,
desde Belén al Calvario,
junto al Tuyo traspasado.
¡Qué extrañas tus preferencias:
vida oculta y abnegada,
persecución y pobreza, 
trabajos, penas y lágrimas;
ser maestro de los rudos,
amigo de despreciados,
defensor de Magdalenas,
... ¡si hasta me llamaste a mí
para seguirte de cerca!

MGdeJ

jueves, 23 de marzo de 2017

Sobre la blasfemia

Así pensaba el Gral. José de San Martín:

“Todo el que blasfemare del Santo nombre de Dios, o de su adorable Madre, é insultare la religión, por primera vez sufrirá cuatro horas de mordaza atado a un palo en público por el término de ocho días, y por segunda vez, será atravesada su lengua con un hierro ardiente y arrojado del cuerpo.” 
Art. 1º del Código de Honor del glorioso Ejército de los Andes.

Las penas aquí establecidas, y las que según la ley se dictaren por el juzgado militar, serán aplicadas irremisiblemente. (Art. 41º)

SEA HONRADO EL QUE NO QUIERA SUFRIRLAS;
LA PATRIA NO ES ABRIGADORA DE CRÍMENES.


Cuartel General en Mendoza, Plumerillo. Septiembre de 1816.

martes, 21 de marzo de 2017

Plan de acción urgente contra la cristianofobia




Vivimos tiempos de persecución, que es cruenta en muchos sitios; más ladina y sutil, en otros: por ejemplo, en Occidente. En Oriente y África, ya saben, los cristianos son asesinados sin piedad.
En España, los enemigos de Cristo no se cortan y pasan directamente a la blasfemia. Contra la blasfemia citaré las recetas de un Padre de la Iglesia y del Papa Francisco.
“Si alguien blasfema, corrígele; si vuelve a blasfemar, corrígele otra vez; si vuelve a blasfemar, golpéale, rómpele los dientes, santifica tu mano con el golpe.” Esto lo dijo san Juan Crisóstomo.

“Si alguien dice una mala palabra en contra de mi mamá, puede esperarse un puñetazo”. Y esto lo dijo el Papa Francisco.

Mientras tanto, les propongo unas cuantas ideas, muy fáciles, para hacer frente a la blasfemia y a la persecución.
Tomen nota y pónganlas en práctica ahora mismo:
Hagan la señal de la Cruz cada vez que pasen por delante de una Iglesia o de un cementerio. Desagravien al Señor y recen algo por las almas de los muertos. Los bosnios croatas no paran de santigüarse: allí tienen a su lado a los muslimes.
-Recen el Santo Rosario por la calle. Pero fuera del bolsillo, que se les vea con el Rosario en la mano en el autobús, en el Metro, en el coche. Si les preguntan, respondan que están rezando por aquel que les pregunta. Si les insisten, les dicen que los musulmanes lo hacen, y las musulmanas van tapadas por la calle. O contestan lo que les parezca mejor en cada momento.
-Bendigan la mesa en los restaurantes cuando coman con amigos, clientes, proveedores, colegas. Al empezar y al terminar.
-Hagan notar que no comen carne los viernes. “Somos católicos y hacemos penitencia”.
-Vuelvan a saludos como: “Vaya usted con Dios”, “Dios le bendiga”, “Dios le proteja”. Y a frases como: “Si Dios quiere”, “Jesús” –después de un estornudo-. Recalquen el “Adiós” o mejor: “Con Dios”.
-Hagan ostensiblemente la señal de la Cruz al inicio de un viaje en tren, avión, autobús, vehículo particular o taxi.
-Si pueden, dejen de trabajar dos minutos y recen el Ángelus a las 12 del mediodía, estén donde estén.
-No dejen pasar un solo día sin desear la paz o la bendición de Dios para sus amigos y seguidores en redes sociales.
-Corrijan al que blasfeme en su presencia. La Sagrada Forma, por ejemplo, no puede usarse como insulto o como interjección.
-Lleven una señal visible de que son cristianos: una medalla, un tatuaje, una pulsera, una insignia, un anillo, un colgante. Lo ideal es una Cruz.
Y ya está.
Pueden añadir lo que quieran. Pero lo importante es que se nos vea. No es tiempo de discreción ni de esconderse. Es tiempo de dar la cara sin respetos humanos ni remilgos.
La situación de hoy no es la de hace 40 años. Se parece a la de 1931-1936.
Y hace 80 años, en España, algunos curas, hoy santos, se negaron hasta el final a quitarse la sotana.
                 ¡Viva Cristo Rey!                    

Fuente: Extractado de Actuall, 20/3/2017

domingo, 19 de marzo de 2017

Fiesta de San José, Día del Padre


Si alguien mereció el título de “padre” en este mundo, ése ha sido San José.
En la sabiduría de las disposiciones eternas, fue el elegido para acompañar, proteger, asistir, auxiliar y guiar nada menos que al mismo Hijo de Dios encarnado y a su Madre santísima. Por eso se lo ha llamado con justicia: “la sombra del Padre”, de Aquél de quien proviene como de su fuente y toma nombre toda paternidad.
Padeció los trabajos y las angustias de muchos padres.
Lo vemos en la penuria de buscar infructuosamente un albergue entre sus propios parientes y conocidos, ante el parto inminente de la Virgen. Y cómo termina acondicionando un refugio de bestias… Una vidente lo describe llorando a la puerta de la gruta de Belén.
Resultado de imagen para san joséDebió no sólo velar por la subsistencia de los suyos, sino hasta por la vida amenazada del Hijo. Obedeció la voz de Dios que le ordenaba huir con lo puesto en medio de la noche, con su joven mujer y el hijo tan pequeño e indefenso, para terminar habitando durante varios años en tierra extranjera.
Supo, como israelita culto y religioso, lo que las profecías predecían de ese Niño, que era desde la Encarnación, el mismo Siervo Sufriente. Y de los labios y el ejemplo de su propio y divino Hijo seguiría asimilando cada día la perfecta conformidad con la Voluntad de Dios.

Así y todo, debió ser para Él lo que debía ser: maestro y ejemplo de varón, que es la función del padre.