jueves, 17 de septiembre de 2015

Para el debate:¿Política & Filosofía?

Por Elián Morant

Alumno de la Carrera de Historia


“La inteligencia argentina tiene hoy una tarea y un deber sacros: PENSAR LA PATRIA”.[1]
Así dice por ahí el Padre Castellani, y nosotros lo decimos con él. Lo que pasa es que muchos somos los que escupimos las palabras del padre y pocos los que las comprenden. Trataremos de estar entre los segundos.
La inteligencia en la Argentina, en tiempos de Castellani y ahora mucho más, es una de las tantas  cosas importantes que se desprecian y se subestiman o se ignoran.
Alguno hasta acá pensará rápidamente: “Sí, es verdad... ¡qué los tiró a estos zurdos, como desprecian la Inteligencia!”. Sí señor, pero no sólo ellos. Mejor dicho, ellos son los que menos la desprecian (o al menos no son los únicos). Y sin más rodeos voy al tema. La inteligencia es arrinconada y postergada por la mayoría de los “nuestros”, de los católicos tanto de izquierda como de derecha; tanto “carismáticos” como “nacionalistas”, reaccionarios como pacifistas, y todos los –áticos, -arios e –istas que se nos ocurran.
Para unos la formación es algo totalmente ajeno y extraño. Al menos, no tiene que ver con la religión que profesan, no es importante, tampoco necesario, y hasta a veces es “peligroso” porque “alimenta el orgullo y la soberbia”. No hemos de juzgarlos, toda vez que los que han robado la sed de la Verdad en ellos son sus propios educadores. En su mayoría los pastores, los cuales corrieron la misma suerte en su tiempo, sufriendo una cadena que nos lleva a algún tiempo atrás.
Para los otros, la formación es entendida como una cierta cantidad de libros, un conjunto de autores, una cierta variedad de citas y fórmulas, almacenadas en un bolsito del que pueda echar mano a la hora de la militancia, o de la eventual visita de un mormón.
Lo cierto es que si queremos tomar la formación en el sentido profundo y verdadero de la palabra, no podemos concebirla ni de uno ni de otro modo. La única verdadera formación es filosófica, según enseñó J. B. Genta.  Y el único modo de pensar la Patria es filosofando. Pero ¡ojo! No se piense la filosofía como  un manual lleno de definiciones semejantes a las matemáticas, que se aprenden y de las que se pueden sacar cálculos filosófico-matemáticos, de mera hechura mental y sin sustento en la realidad contemplada.
Piénsese, más bien,  la filosofía como una sed de saber por saber, sin mezcla de ningún interés particular, sólo por saber, porque la Verdad merece ser buscada por sí misma, es lo que llamamos un fin. Formación filosófica como un amor a la sabiduría, como aquél que se sabe siempre ignorante cuando se para delante de la inmensidad de esa Verdad. Siempre indigente y deseoso de Ella como Penia, pero siempre enamorado y con el arrojo suficiente para ir por ella como Poros, en el mito de Platón, puesto en boca de Sócrates, sobre el nacimiento del Amor.
La Iglesia en la antigüedad daba gran importancia a los hombres que cultivaban la inteligencia. Porque sabía que la inteligencia es la potencia más alta del hombre, entre otras cosas porque según su etimología (intus- legere, del latín) significa “leer dentro”, es decir captar lo que no se ve, lo que no está a simple vista, lo universal, las esencias de las cosas, su significado, su armonía con el universo, el universo mismo, obra sinfónica del Creador. Es la potencia que nos permite conocer y luego amar, y la que en definitiva nos dará, si por misericordia de Dios llegamos a su presencia, la felicidad eterna, ya que Cristo nos dice: “La vida eterna consiste en que te conozcan a Ti, único Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo” Jn 17, 3. El cielo, la eternidad, la visión beatífica es un conocimiento, lo cual muestra la dignidad propia de la Inteligencia.
Dicho esto, podemos constatar que aquella actitud de mera y  exclusiva utilización defensiva de la Verdad, como una herramienta para el apostolado, la militancia, la propaganda o como se quiera llamarle (hoy en día son utilizadas como sinónimos, aunque naturalmente no lo son) tiene algo de sacrílega, seguramente de un modo inconsciente. Ya que sabemos que Cristo es la Verdad, el Verbo Divino, declarado por Él mismo. Y rebajamos su dignidad a una herramienta para nuestros propios intereses. Debemos tener en cuenta que la Verdad, tanto como el Bien, es difusiva de sí misma. En otros términos, los antiguos entendían al hombre como un vaso que se va llenando de Bien, de Verdad y de Belleza, y sólo su propagación es auténtica cuando brota del vaso rebalsado. “El resto es vanidad de vanidades” decía Chesterton, queriendo decir que es una falacia. Y san Bernardo: “Todo lo que edifiques fuera de ti será como polvo que se lleva el viento”.
Así dadas las cosas, faltando una profunda formación, sufrimos un mal que nos hace correr en círculos idénticos y estériles, repitiendo siempre las mismas causas, cuyos efectos aunque no lo queramos serán los mismos siempre. Este mal es la improvisación, una de las hijas de la acedia, según santo Tomás de Aquino.  No sabemos, entonces improvisamos, hacemos lo que se nos ocurre, no obedecemos a una doctrina propia y ahí reside la cuestión: Adolecemos de doctrina propia, como denunció Castellani al nacionalismo de su tiempo (ganándose el desprecio de parte del mismo), una doctrina clara, férrea, verdadera, que haya brotado de la contemplación y de su aplicación a nuestra realidad concreta (lo cual requiere una gran inteligencia mezclada con prudencia política).
Un cuerpo doctrinal es eso justamente, un cuerpo; formado por la pura teoría que debemos a los contemplativos (los cuales escasean, y encima los despreciamos o ignoramos) y la voluntad práctica de aquellos que tienen talento y vocación políticos (los cuales hay, al parecer, muchos). Entonces la teoría, que vendría a ser la forma, informa a esa materia que es nuestra realidad concreta en la Patria y engendra una doctrina viva y solamente aplicable a esta realidad.
El día que el nacionalismo argentino, organizado y homogéneo, recobre una doctrina propia, necesariamente quedará jerarquizado de la siguiente manera: en primer lugar, los maestros o contemplativos, a los cuales hay que, primeramente reconocer, luego oír y obedecer,  respetar y cuidar; luego, un conjunto de dirigentes, que son aquéllos que teniendo gran inteligencia y a su vez vocación política, dedican  gran parte de su vida a formarse en política, historia, filosofía y teología, preparándose para el momento en que su experiencia, madurez y formación los hagan aptos para asumir su papel (lo cual pasa, en general –y siguiendo a Aristóteles-  después de los 30 años). Y por último, aquéllos que son los soldados, los cuales no tienen vocación de estudio ni de mando pero están llamados a obedecer y combatir. Ciertamente que a ninguno de ellos debe faltar la oración en la soledad de su cuarto. Si no, el vaso no se llena.
Queridos lectores, si nos cabe el zapato, sería bueno calzárnoslo, sabiendo que la intención del que escribe es que lo dicho sea para bien de todos y mal de ninguno; para abrir, llegado el caso, un debate sobre el tema (que los debates en amistad son necesarios entre los laicos).
Después de todo... es un manojo de reflexiones.






[1] Leonardo CASTELLANI, Las canciones de Militis (1973), Buenos Aires, Editorial DICTIO, 2da edición.

martes, 15 de septiembre de 2015

El orden y la educación (4 de 4). Orden en los procedimientos y orden como virtud.

 ¿Cómo enseñar en la escuela los aspectos procedimentales y actitudinales del orden? 

No basta con enseñar el concepto de orden, sino el orden de los conceptos, de los procedimientos, los actos y las actitudes.
El pensamiento será más fiel y verdadero, más riguroso científica y lógicamente, cuanto mejor refleje el orden de la realidad.
El buen pensar se aprende y a ello contribuye en gran medida el lenguaje. Porque pensamos con palabras y con estructuras gramaticales, la riqueza lingüística hace posible un pensamiento más afinado, más sutil, más penetrante y exacto. 
Los procesos del pensamiento y del lenguaje exigen ejercitación. Se aprenden primeramente por modelado, en forma casi inconsciente y de modo implícito con el lenguaje. Lo que corresponde a la escuela es sistematizar y profundizar ese aprendizaje.
Image result for lenguajeSe habla mucho de la necesidad de enseñar a pensar. Para ello ha de instaurarse en la escuela una cultura del pensamiento, con cultivo asiduo de la definición, de la argumentación, del lenguaje de pensamiento, de la metacognición. El ejercicio de la definición se basa en la distinción entre conceptos, pues al definir primero discriminamos, diferenciamos lo que es de lo que no es la cosa que estamos definiendo y luego delimitamos, marcamos los límites del concepto. Sólo desde aquí podremos lograr un pensamiento crítico que garantice la libertad de las personas frente al asedio del hedonismo y el consumismo.
Para trabajar los procesos de pensamiento deben educarse adecuadamente los procesos cognitivos naturales que nos ponen en contacto con la realidad: la atención, la observación, la percepción.

El orden externo en la distribución del espacio y del tiempo son ayudas inestimables e indispensables para lograr efectividad, eficacia y eficiencia.
Los niños pueden aprender a planificar sus tareas. El docente debe explicitar de modo acorde a la capacidad de sus alumnos, la planificación del curso y de la clase, de modo que ellos participen conscientemente de ese orden y se lo apropien.
Los juegos reglados son una forma de introducción al mundo de las normas que rige toda la actividad social humana.
A la hora de pensar y debatir un marco ético de acciones, contrato o código de convivencia, -tarea que satisface tanto a los más chicos como a los jóvenes,- es importante buscar siempre el fundamento de la norma, y que ese fundamento esté en la realidad y apunte al bien común.
Cuando se pase a analizar normas éticas hay que sostener este mismo camino. Los niños poseen extraordinaria sensibilidad frente a lo que perciben injusto. Debemos ayudarlos a pensar por qué algo es justo o injusto, bueno o malo. En el fondo, nos encontramos ante un orden o desorden.
Si lo justo es dar a cada uno lo que corresponde, y si toda persona posee una dignidad intrínseca por el hecho de serlo, justo será el respeto a sí mismo y a los demás.
El respeto impone una distancia, una consideración que nos impide el trato abusivo. Incluso genera un sano temor de dañar, por lo que lleva al cuidado. El respeto de sí mismo y del otro hace que la persona sea asertiva, evitando tanto las conductas sumisas como las agresivas.
El respeto de sí y del otro nos disuade de vernos como simples objetos. Por consiguiente, nos frena ante la tentación de hacer un uso abusivo o explotador de las personas. Esto tiene enormes consecuencias en el campo de la actividad y las costumbres sexuales de las personas y de la sociedad. Descartar la perspectiva del hombre como objeto, sea para el placer o para convertirlo en un insumo industrial, lleva a condenar prácticas como la prostitución, el sexo ocasional, la experimentación con seres humanos, el uso de embriones vivos o la destrucción de los mismos con fines diversos, -aún terapéuticos,- y la clonación de seres humanos. También lleva a cuestionar las autoagresiones como horadar o roturar el cuerpo y experimentar con drogas o juegos peligrosos.
Las destrezas cognitivas, las habilidades sociales y las virtudes intelectuales y morales son hábitos que se adquieren, esencialmente y desde la primera infancia, por la práctica. Las vivencias aportadas por los climas psicológicos y sociales que producen los ejemplos reales o de ficción, constituyen un terreno donde se favorece o perjudica su desarrollo normal.
La instrucción veraz, la reflexión, el análisis de conductas y sus consecuencias, el juicio crítico desarrollado y bien aplicado son factores favorables a las conductas sensatas.
Pero es en última instancia el ejercicio libérrimo de la decisión que se toma en lo más íntimo de la voluntad, lo que concreta su realización. Por eso, procuremos formar hombres buenos.

Fuente: Ianantuoni, Elena (2010) Pedagogía de la sexualidad. Buenos Aires: Bonum. 2ª Ed. 2ª Parte. Cap. III. pp. 119-125.

sábado, 12 de septiembre de 2015

El orden y la educación (3 de 4). Aspectos conceptuales.

 ¿Cómo enseñar en la escuela los aspectos conceptuales del orden? 

Desde el primer comienzo hasta el nivel superior es posible y necesario destacar el orden como concepto.
El orden es una cualidad de todo lo existente. Mientras algo es, contiene y manifiesta un orden. Y cuando algo se desintegra, pierde el orden, pero en ese proceso existe todavía algún orden.
Veamos las oportunidades de percibir y admirar el orden que nos ofrecen las diversas disciplinas.
Image result for jerarquía de los seres vivosLas Ciencias de la Naturaleza, Física, Química, Biología, nos permiten destacar la finalidad, pues todo tiene un fin.
Concretamente la Biología muestra con claridad cómo el fin atrae y ordena hacia sí los órganos y las funciones de los seres vivos. En el caso de la diferenciación sexual, sus órganos y fisiología, vemos que se orientan a la función reproductora, cuyo fin es la continuidad de la vida.
Los grados crecientes de perfección y sucesiva complejidad en procesos y funciones evidencian un orden entre las clases de seres. Tal orden constituye una jerarquía, porque la vida vegetativa subsume lo inorgánico y lo supera; la vida sensitiva subsume y supera la vegetativa y la vida humana contiene y trasciende los otros niveles.
Así como el mundo de las realidades físicas permite descubrir el orden que le es esencial e inmanente, los mundos creados por el hombre a través del pensamiento, el uso de símbolos, los comportamientos y las estructuras contienen un orden, cuya consistencia es proporcional al grado en que reflejen el orden real.
La Matemática permite abstraer lo cuantitativo de lo cualitativo, y trabajar en ese mundo ideal de las cantidades discretas o continuas, descubriendo y desplegando las armonías que contienen. 
La Lengua nos proporciona el acceso al mundo del pensamiento, y trasluce su orden. Toda lengua posee un orden propio, semántico y gramatical, además del orden lógico que espeja.
Los casos de la Literatura y de la Historia permiten el análisis, -entre otros muchos posibles,- de la conducta humana a la luz del deber ser del hombre ordenado y pleno, así como dan lugar a experiencias de empatía, comprensión y compasión, que son manifestaciones de armonía en el mundo afectivo.
La Educación Cívicala Historia, el Derecho, la Sociologíala Economía nos muestran que cualquier organización requiere reglas que ordenen su funcionamiento y la convivencia. El orden legal positivo es legítimo en la medida que respete la ley natural, cuya base es la verdad de las cosas. Por ejemplo, una ley que justifique el aborto es siempre ilegítima, porque vulnera el derecho a la vida propio de toda persona, con el terrible agravante de que la víctima de tal homicidio es un ser absolutamente inocente e indefenso.
En la medida que se haga notar, que se destaque el orden, que se comprenda, que sea admirado y contemplado, nuestros niños y jóvenes podrán percibir que el mundo que habitan es un cosmos.


Fuente: Ianantuoni, Elena (2010) Pedagogía de la sexualidad. Buenos Aires: Bonum. 2ª Ed. 2ª Parte. Cap. III. pp. 119-125.




miércoles, 9 de septiembre de 2015

El orden y la educación (2 de 4). El orden moral.


 ¿Es posible un orden moral objetivo? 


Lo que podemos preguntarnos a continuación es si cabe hablar de un orden moral, un orden de la conducta del hombre, y si esa ética puede ser objetiva.
Evidentemente el concepto de orden moral sólo puede aplicarse a los actos de la persona en tanto sujeto responsable, capaz de decisiones libres, de deberes y derechos.
El orden moral supone un fundamento. Si el fundamento es el puro arbitrio de cada uno, su subjetividad, su interés, “su verdad”, nos enfrentamos a un sistema arbitrario, que en los hechos observamos suele terminar como libertinaje y abuso de la libertad, o ley del más fuerte y abuso del poder. En este caso, para hacer la vida mínimamente soportable habrá que consensuar determinadas pautas comunes que todos respeten, o se impondrá alguno sobre el resto, estableciendo su propio orden.
Para que el fundamento no sea arbitrario, para que sea objetivo, el orden moral tiene que apoyarse en la realidad.
El “deber ser” necesita mirar al ser. El bien está en el ser y un acto es bueno si otorga alguna plenitud al ser.
Image result for personasNuestro obrar como seres humanos no puede obviar la realidad del ser, el orden del ser, porque ponernos de espaldas a la realidad es ignorancia o locura. Por lo tanto, la fundamentación del orden moral en busca de una ética objetiva, es el conocimiento de la realidad.
Ser objetivo es poder renunciar a los intereses individuales y mezquinos a favor de la verdad de las cosas. 
No siempre es fácil ser objetivo; no siempre se ve con nitidez la línea que separa el mal del bien; no siempre están cristalinos nuestros ojos ni se presenta clara la situación. Por eso es tan necesario como formar la mirada de la inteligencia para penetrar la realidad, el ensanchar el corazón para aceptarla, pues sin ese “sí” cordial la imagen se distorsiona y opaca.

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Fuente: Ianantuoni, Elena (2010) Pedagogía de la sexualidad. Buenos Aires: Bonum. 2ª Ed. 2ª Parte. Cap. III. pp. 119-125.

viernes, 4 de septiembre de 2015

El orden y la educación (1 de 4)


Guarda el orden y el orden te guardará.
Adagio latino.
 ¿Por qué hablamos del orden? 

Hoy orden pertenece al grupo de los términos políticamente incorrectos, que requieren explicaciones, que molestan al oído de algunos.
Resultado de imagen para escritorioY sin embargo, tenemos que admitir que sin orden no se puede estudiar ni trabajar, ni producir nada positivo. Sin orden se harían imposibles nuestras existencias, la del mundo, y se torna impensable la ciencia.

¿A qué hacemos referencia cuando hablamos de orden?
Hay un orden externo, objetivo, que se manifiesta cuando cada cosa está en su lugar, espacial o temporalmente. Es lo que hace que hallemos lo que dejamos en un sitio, si es el habitual o el apropiado. Es lo que hace que podamos citarnos a una hora y encontrarnos efectivamente, no sólo porque hemos sido puntuales, sino porque el sol y la tierra y todo el universo se comportaron ordenadamente, según reglas o leyes internas, naturales. Ese orden físico y natural es exterior a nuestra mente e interior a las cosas.
         
Otra faceta se nos presenta al ejercer nuestra capacidad de dominio del mundo ordenando físicamente distintos objetos. Todas las técnicas elaboradas por el hombre, desde prender un fuego o labrar la tierra, hasta la ingeniería genética, consisten en ordenar o reordenar objetos. Todas las artes se cifran en lograr determinados ordenamientos sean de sonidos, formas, colores, palabras, espacios o movimientos.
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Cuando nuestro pensamiento se torna ordenado se hace capaz de las ciencias, es decir, de saberes ordenados que descifran el orden inmerso en la realidad y lo expresan como leyes. Las ciencias no crean el orden: lo descubren. Pero el orden de la realidad es tan complejo que jamás lo agotamos. Por eso cada descubrimiento conduce a otro nuevo.

La comprensión de que existen leyes que rigen el mundo hace que lo experimentemos como cosmos, término acuñado por los griegos que destaca el orden, la armonía de un universo dado, en contraposición al caos o desorden.
Pero he aquí que el orden del universo físico es profundo al punto que hasta los sucesos aleatorios que a simple vista nos parecen caóticos o desordenados, como los fenómenos atmosféricos, se pueden estudiar y predecir matemáticamente. La llamada “teoría del caos” estudia tales procesos y desentraña sus comportamientos.
El orden del universo es la armonía de lo diverso. Y lo diverso se manifiesta desde lo elemental a lo complejo, desde las formas y procesos básicos a los superiores, lo cual implica gradación y jerarquía. Este concepto hizo, por ejemplo, que Mendeleiev formulara la Tabla Periódica de los elementos químicos y hasta pudiera predecir las propiedades de algunos elementos que en su época aún no se conocían.

                          
Las proporciones son una manifestación del orden. Es maravilloso descubrir la proporción áurea en la distribución de los pétalos en las flores, de las hojas en los tallos, de las nervaduras en las hojas, en las escalas musicales, en las proporciones de los insectos y de nuestro propio cuerpo.
La salud es un estado de orden, de armonía, que abarca desde las células hasta la mente.
Donde hay ser, donde hay belleza, existe algún orden.



Fuente: Ianantuoni, Elena (2010) Pedagogía de la sexualidad. Buenos Aires: Bonum. 2ª Ed. 2ª Parte. Cap. III. p. 119.


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martes, 1 de septiembre de 2015

Para el debate: ¿Leer en papel o en pantalla?

Cuando Steve Jobs era director de Apple le prohibió a sus hijos pasar demasiado tiempo manipulando iPads y iPhones. ¿Por qué?. Nick Bilton, periodista del periódico The New York Times entrevistó en 2010 al hoy difunto visionario, una de sus preguntas fue: Sus hijos deben de amar el iPad ¿no es así?“. “No lo han usado”, contestó Jobs. “Limitamos la cantidad tecnología que pueden usar los niños en casa“.

 La persona a quien se atribuye una buena parte del desarrollo de la tecnología que nos rodea también debía conocer mejor los peligros inherentes en ella. Algo en lo que vale la pena pensar.
El periodista se sintió muy sorprendido al escuchar la reacción de Jobs. Él pensaba que la casa del director de Apple debía ser un palacio lleno de sensores y pantallas, donde las iPads se regalaban en lugar de golosinas en la sala de estar.
De hecho gran cantidad de los dirigentes de las empresas más renombradas de Silicon Valley limitan el tiempo que sus hijos pasan frente a las pantallas ya sean de una computadora, un teléfono o una tableta. Un ejemplo de ello es que Chris Anderson, director de la empresa 3D Robotics, fabricante de ”drones” y quien dijo haber vivido “de primera mano los peligros de la tecnología” razón por la que restringe fuertemente el acceso que sus hijos tienen a ella. “Lo he vivido y no quiero que mis hijos pasen por lo mismo”.
Evan Williams, cocreador de Twitter y de la plataforma Medium, dice preferir que sus hijos crezcan con libros en vez de iPad por lo cual él y su esposa Sara han comprado cientos de libros de papel que puedan interesarle a sus hijos y los han ubicado por toda la casa.
Numerosas investigaciones han revelado que el abuso de la tecnología puede hacer que algunas personas se vuelvan adictos a los dispositivos (en China por ejemplo, existen campamentos para niños adictos al Internet) o que se encuentren con contenido indeseable como puede ser contenido violento o pornográfico. Así mismo es interesante el fenómeno que ya ocurría con la TV antes que se convertía en la niñera: los padres recurren a los gadgets para distraer a los niños y los iPads pasan a ocupar el papel de principal educador de los niños. Nadie puede negar que hoy en día están disponibles gran cantidad de aplicaciones que pueden estimular y desarrollar la inteligencia, pero también es cierto que nada puede reemplazar el contacto humano y la enseñanza con amor.
Quizás eliminar el contacto con la tecnología pueda parecer una medida radical, tecnofóbica y hasta absurda por cuanto esta es parte importante del mundo en el que vivimos y un aislamiento de este aspecto puede contribuir a aislar a los niños socialmente. Sin embargo, esta tendencia entre padres que han participado en crear el paradigma tecnológico del mundo hace reflexionar sobre los niveles de acceso que tienen nuestros hijos. Quizás lo más inteligente es limitar el uso de gadgets y procurar que existan otros estímulos más tradicionales como son los libros y el juego al aire libre, desconectados de la Red y los aparatos hipercauterizados, ensuciándose las manos y cayéndose un poco.
Fuente: nytimes (adaptado)
Gentileza: Ricardo Guerrini

jueves, 27 de agosto de 2015

San Agustín: Maestro de maestros


El Padre más grande de la Iglesia latina, san Agustín: hombre de pasión y de fe, de altísima inteligencia y de incansable solicitud pastoral. Este gran santo y doctor de la Iglesia dejó una huella profundísima en la vida cultural de Occidente y de todo el mundo.
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San Agustín ejerció una influencia enorme y podría afirmarse que todos los caminos de la literatura latina cristiana llevan a Hipona (hoy Anaba, en la costa de Argelia), y que de esta ciudad del África romana, de la que san Agustín fue obispo desde el año 395 hasta su muerte, en el año 430, parten muchas otras sendas del cristianismo sucesivo y de la misma cultura occidental.
Pocas veces una civilización ha encontrado un espíritu tan grande, capaz de acoger sus valores y de exaltar su riqueza intrínseca.
Las Confesiones, su extraordinaria autobiografía espiritual es su obra más famosa. Por su atención a la interioridad y a la psicología, constituye un modelo único en la literatura, incluida la no religiosa, hasta la modernidad. Esta atención a la vida espiritual, al misterio del yo, al misterio de Dios que se esconde en el yo, permanece para siempre, como una "cumbre" espiritual.

San Agustín nació en Tagaste, en el África romana, el 13 de noviembre del año 354. Era hijo de Patricio, un pagano que después fue catecúmeno, y de Mónica, cristiana fervorosa. Esta mujer apasionada, venerada como santa, ejerció en su hijo una enorme influencia y lo educó en la fe cristiana. Aunque fascinado por la figura de Jesucristo, se alejó cada vez más de la fe y de la práctica eclesial, como sucede también hoy a muchos jóvenes.
Cuando Agustín leyó el Hortensius, obra de Cicerón que después se perdió, ese texto despertó su amor por la sabiduría.
Image result for san agustínNo quería vivir sin Dios; buscaba una religión que respondiera a su deseo de verdad... De esta manera, cayó en la red de los maniqueos, que se presentaban como cristianos y prometían una religión totalmente racional. Afirmaban que el mundo se divide en dos principios: el bien y el mal. Se hizo maniqueo, convencido de que había encontrado la síntesis entre racionalidad, búsqueda de la verdad y amor a Jesucristo. Y sacó también una ventaja concreta para su vida. Adherirse a esa religión, que contaba con muchas personalidades influyentes, le permitía seguir su relación con una mujer y progresar en su carrera. De esa mujer tuvo un hijo, Adeodato, al que quería mucho, muy inteligente, que después estaría presente en su preparación para el bautismo junto al lago de Como, participando en los Diálogos que san Agustín nos dejó. Por desgracia, el muchacho falleció prematuramente.
Alrededor de sus veinte años, fue profesor de gramática y pronto se convirtió en un brillante y famoso maestro de retórica. Con el paso del tiempo, comenzó a alejarse de la fe de los maniqueos, que le decepcionaron precisamente desde el punto de vista intelectual, pues eran incapaces de resolver sus dudas; se trasladó a Roma y después a Milán, donde residía entonces la corte imperial y donde había obtenido un puesto de prestigio. 
En Milán, Agustín adquirió la costumbre de escuchar, al inicio con el fin de enriquecer su bagaje retórico, las bellísimas predicaciones del obispo san Ambrosio. El retórico africano quedó fascinado por la palabra del gran prelado milanés; y no sólo por su retórica. Sobre todo el contenido fue tocando cada vez más su corazón.



La conversión al cristianismo, el 15 de agosto del año 386, llegó al final de un largo y agitado camino interior. Se trasladó al campo, al norte de Milán, junto al lago de Como, con su madre Mónica, su hijo y un pequeño grupo de amigos, para prepararse al bautismo. Así, a los 32 años, Agustín fue bautizado por san Ambrosio el 24 de abril del año 387, durante la Vigilia pascual, en la catedral de Milán.
Después del bautismo, san Agustín decidió regresar a África con sus amigos, con la idea de llevar vida en común, al estilo monástico. Pero en Ostia, mientras esperaba para embarcarse, su madre enfermó y poco más tarde murió, destrozando el corazón de su hijo.
Tras regresar a su patria, se estableció en Hipona para fundar allí un monasterio. En esa ciudad fue ordenado presbítero en el año 391 y comenzó con algunos compañeros la vida monástica, repartiendo su tiempo entre la oración, el estudio y la predicación. Quería dedicarse sólo al servicio de la verdad; no se sentía llamado a la vida pastoral, pero después comprendió que la llamada de Dios significaba ser pastor entre los demás y así ofrecerles el don de la verdad. 
En Hipona, cuatro años después, fue consagrado obispo, y lo fue ejemplar por su incansable compromiso pastoral:  predicaba varias veces a la semana a sus fieles, ayudaba a los pobres y a los huérfanos, cuidaba la formación del clero y la organización de monasterios femeninos y masculinos.
Image result for san agustínEn poco tiempo, el antiguo retórico se convirtió en uno de los exponentes más importantes del cristianismo de esa época:  muy activo en el gobierno de su diócesis, también con notables implicaciones civiles, en sus más de 35 años de episcopado, influyó notablemente en la Iglesia del África romana y en el cristianismo de su tiempo, afrontando herejías tenaces y disgregadoras, como el maniqueísmo y el pelagianismo, que ponían en peligro la fe cristiana en el Dios único y rico en misericordia.

Se encomendó a Dios cada día, hasta el final de su vida:  afectado por la fiebre mientras la ciudad de Hipona se encontraba asediada desde hacía casi tres meses por los vándalos invasores, como cuenta su amigo Posidio, el obispo pidió que le transcribieran con letras grandes los salmos penitenciales "y pidió que colgaran las hojas en la pared de enfrente, de manera que desde la cama, durante su enfermedad, los podía ver y leer, y lloraba intensamente sin interrupción" Así pasaron los últimos días de su vida.  Falleció el 28 de agosto del año 430, sin haber cumplido los 76 años. 

En sus escritos lo «encontramos vivo». Cuando leo los escritos de san Agustín no tengo la impresión de que se trate de un hombre que murió hace más o menos mil seiscientos años, sino que lo siento como un hombre de hoy: un amigo, un contemporáneo que me habla, que habla con su fe lozana y actual.  


Fuente: Benedicto XVI. Audiencias de los Miércoles 9 y 23 de enero de 2008. (Extractos)