martes, 5 de julio de 2016

¿Qué pido a los educadores?... Habla Saint-Exupéry


Saint-Exupéry
Por eso hice venir a los educadores y les dije:
-No estáis encargados de matar al hombre en los pequeños, ni de transformarlos en hormigas para la vida en el hormiguero. Porque poco me importa que el hombre esté más o menos colmado. Lo que me importa es que sea más o menos hombre. No pregunto primero si el hombre será o no feliz, sino qué hombre será feliz. Y poco me importa la opulencia de los sedentarios saciados, como el ganado en el establo. 
No los colmaréis de fórmulas vacías; sino de imágenes cargadas de estructuras.
No los llenaréis de conocimientos muertos; sino que les forjaréis un estilo para que puedan asir.

No juzgaréis de sus aptitudes por su aparente facilidad en tal o cual sentido. Porque quien va más lejos y logra mayor éxito es el que más ha trabajado en contra de sí mismo. En primer lugar, pues, tendréis en cuenta el amor. 


Fuente: Antoine de Saint-Exupéry (1966) Ciudadela. Buenos Aires: Goncourt. Cap. XXV, p. 90.

viernes, 1 de julio de 2016

La Palabra Virginal y la Palabra Prostituida

lunes, 27 de junio de 2016

¿Qué prueba la IDEOLOGÍA DE GÉNERO?


La ideología de género se basa en la facultad humana de la libertad, que no tiene origen genético.
No deja de sorprenderme la enorme capacidad de los modernos progresistas para desarrollar tesis absolutamente contradictorias. No usan la mentira –“ese prejuicio pequeñoburgués”, según el camarada Lenin- con tanto descaro como los comunistas o los liberales, pero se contradicen a cada paso.
Sí, también como los liberales: es lo que tiene ser nietos de la modernidad y no haber digerido que la Ilustración es una hija revolucionaria del Cristianismo, cosa que entienden los tipos inteligentes como Vattimo, por poner el ejemplo de un comunista que vuelve a casa, aunque sea débilmente.
Principio del formulario
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Los modernos progresistas han creado un engendro monstruoso que llaman “ideología de género” y que, en resumen, consiste en decir que el sexo se elige, que es algo cultural y que, bueno, uno es lo que le parece bien ser o no ser. Es decir, que el sexo no es natural. O lo que es lo mismo: en la naturaleza mando yo.
Sigamos. Por otra parte, estos mismos progresistas e ideólogos de género no dejan de clamar en contra del calentamiento global, y a favor de cualquier cosa que tenga relación con la naturaleza y la ecología. Es decir, que lo natural es lo prioritario y todos debemos obedecer a la naturaleza y no estropearla.
Por supuesto, les pone mucho Darwin y la teoría de la evolución, salvar monos y ballenas, y proteger a los galgos abandonados. Del tema de los niños asesinados antes de nacer, prefieren no hablar: se los cargan como “conjunto de células” y ya.
Sin embargo, un chimpancé es un conjunto de células y el ser humano, que dicen que desciende del chimpancé, también es un conjunto de células. Imagino que el niño de pocas semanas es un conjunto de células no humanas. Iba a decir “células de animal” pero entonces, seguro, los progres modernos clamarían en su defensa. De las células, digo.
Bien, pues ahora díganle ustedes al chimpancé macho que en realidad es un chimpancé hembra. Mejor: díganle que elija él mismo lo que desea ser. Naturalmente, el chimpancé no entenderá nada y, si llegase a comprender algo, se miraría el miembro viril y retornaría su estupor: ¿Una hembra, yo?
El problema es que el chimpancé no tiene conciencia de sí mismo. No tiene conciencia de sí mismo como elemento separado de la naturaleza. No puede alejarse de sus percepciones. Y por lo tanto no puede decidir libremente. Un chimpancé macho no puede elegir ser un chimpancé hembra.
Un hombre, un ser humano, puede pensar en que le gustaría ser mujer, como puede pensar en una jarra de cerveza o en la Teoría de la Relatividad. O puede pensar en ser hermafrodita, o chimpancé, o Batman. Y puede pensar porque un elemento no material se ha colado entre sus neuronas: la libertad. Que la libertad radique en algún neurotransmisor es poco probable porque la vida humana, en lo que tiene de más humana, no es “modelizable”. No es replicable. No es “clonable”.

Y así, la capacidad de elección y la libertad que reclaman los ideólogos de género solo tiene un fundamento espiritual que sitúa al hombre por encima de las abejas, de las morsas y de las jirafas, las cuales, como se ha dicho, no pueden elegir si cambian de sexo o no. Sonaría muy raro “jirafo”, “morso” o “abejo”. (Abejorro suena mejor, pero es tan hispánico en sus “erres” y en sus “jotas” que a los liberales y a los modernos igual les daba un ataque agudo de corrección política y se tiraban a un pozo).
Y así, en fin, la ideología de género está defendiendo de una manera radical la superioridad de la raza humana.
La extraordinaria superioridad de la raza humana sobre cualquier otra clase de seres vivos. Y sobre la naturaleza.
Una superioridad que lleva al ser humano a la condición de divinidad que decide sobre el ser y la nada, sobre el bien y el mal, sobre la vida y la muerte.
La ideología de género demuestra irrefutablemente que Dios existe.
Y que el hombre ha ocupado Su puesto.



Fuente: Actuall, 23/05/2016

jueves, 23 de junio de 2016

De Borges íntimo

EL ÁNGEL


Que el hombre no sea indigno del Ángel
cuya espada lo guarda
desde que lo engendró aquel Amor
que mueve el sol y las estrellas
hasta el Último Día en que retumbe
el trueno en la trompeta.
Que no lo arrastre a rojos lupanares
ni a los palacios que erigió la soberbia
ni a las tabernas insensatas.
Que no se rebaje a la súplica
ni al oprobio del llanto
ni a la fabulosa esperanza
ni a las pequeñas magias del miedo
ni al simulacro del histrión;
el Otro lo mira.
Que recuerde que nunca estará solo.

En el público día o en la sombra
el incesante espejo lo atestigua;
que no macule su cristal una lágrima.
Señor,
que al cabo de mis días en la Tierra
yo no deshonre al Ángel.

Jorge Luis Borges


En: Borges, Jorge Luis (1981) “La cifra”, Buenos Aires: Emecé.

martes, 21 de junio de 2016

El médico que tuvo que elegir entre la conciencia y su carrera, y se enfrentó a Fidel Castro

“Ser provida en Cuba me costó años de torturas. No me arrepiento”

El Dr. Biscet, médico cubano, relata las aberraciones que se cometían en hospitales cubanos con bebés que nacían vivos y eran asesinados, lo que le llevó a denunciarlo ante el mismísimo Fidel Castro. Después de esto experimentó la mano de hierro de la dictadura castrista.


  El doctor Óscar Elías Biscet quiso ser fiel a su juramento hipocrático pese a que esto le obligase a enfrentarse a la sanguinaria dictadura cubana de los Castro. Y se mantuvo firme en su propósito de defender la vida del no nacido y denunciar las atrocidades que se hacían en los hospitales cubanos, motivo por el cual perdió su trabajo, fue detenido y pasó casi 12 años en la cárcel aislado y entre torturas.
Dr. Biscet
Final del formulario
Todo comenzó en 1997 cuando este médico que se había postulado públicamente a favor de la vida en un país como Cuba se enteró de las atrocidades que se estaban cometiendo en el hospital Hijas de Galicia, aunque luego supo que se daban también en otros hospitales del país.
Entonces decidió que debía recabar pruebas de las barbaridades que allí se cometían. “Fue un problema de conciencia porque no podía soportar que a un ser humano le quitaran la vida”, cuenta Óscar, que añade que “fue muy traumático para mí conocer estas situaciones aberrantes con numerosos abortos y en los que en el último periodo de gestación los bebés nacían vivos y eran asesinados, ahogados en cubetas de agua o cortándoles la médula”.
A partir de ese momento, su prioridad fue denunciar esta aberración costase lo que costase. “Cuando me enteré de esas actitudes tuve que protestar y me costó mi puesto, la cárcel y numerosas torturas”, relata el doctor. Pero aun así afirma con seguridad: “Lo hice por una cuestión de conciencia y no me arrepiento”.
Decidido a acabar con este escándalo, el doctor Biscet recopiló los testimonios de las madres a las que habían asesinado a sus hijos y también preparó un informe sobre el “rivanol”, una sustancia utilizada para provocar abortos en Cuba.
“Hice un estudio donde planteé esta situación y se la entregué a las autoridades. La Fiscalía no respondió y se lo llevé a Fidel Castro a su oficina. A partir de ese momento me encarcelaron y tuve que resistir el trato inhumano que sufren las personas en las cárceles, pero pude resistir”, cuenta el doctor.
Fue hecho prisionero por ser una “amenaza para el Estado” y tras ser liberado en 2002 fue poco después detenido de nuevo y condenado a 25 años. Fue la mediación de la Iglesia Católica la que logró que fuera excarcelado en 2011 aunque con la prohibición del régimen de abandonar Cuba.

En la cárcel sufrió todo tipo de padecimientos. Estuvo en celdas de aislamiento por reivindicar que era un preso de conciencia, no podía recibir visitas ni tener objetos personales. Y además, no tenía atención médica a pesar de que necesitaba un tratamiento médico.
 “El vivir en una dictadura como esta no sólo te puede costar la cárcel sino la vida”, afirma el doctor, recordando las torturas que sufrió. Pero no sólo fue él el que sufrió la represión por su condición de provida. Su mujer perdió el trabajo y también la casa en la que vivía. El régimen lo tenía todo muy bien atado.
Aun así cree que todos estos padecimientos han valido la pena pues a su juicio su lucha por la vida “ha repercutido en la sociedad”. Cuenta que antes de ser encarcelado convocó una marcha provida y ese mismo día Fidel Castro se vio obligado a salir en televisión defendiendo el aborto como un derecho de la mujer. Pero Biscet continuó con las protestas y “Fidel tuvo que volver a salir para decir que el aborto no era un anticonceptivo y que había que regularlo. Y aunque la regulación fue mínima quedó al menos constancia entre la gente que el aborto no era un anticonceptivo”.
Para el doctor Biscet “ser provida en un régimen antivida en una dictadura totalitaria es difícil porque no sólo vas a tener el desprecio de las personas que promueven el aborto sino que por expresarte libremente eres castigado. Es lo que me pasó a mí”.
Por todo ello, este médico que ha experimentado grandes sufrimientos por defender al más débil llama a toda América Latina a luchar por la vida y “no dejarse llevar por la izquierda que está en el poder y que fomenta el aborto”. “Es fundamental que todas las personas sigan luchando para que no se despenalice el aborto en los países que aún resisten”, sentencia.
Pero Óscar Elias Biscet no es sólo provida sino un firme defensor de los Derechos Humanos y desde Cuba sigue luchando por la democracia en la isla. Por ello, considera que el restablecimiento de relaciones entre “EEUU y el régimen castrocomunista favorece más a la dictadura que al pueblo. La dictadura se beneficia ampliamente mientras el pueblo toma las migajas”.
Pese a la represión de la dictadura no tiene pensado dar marcha atrás. “Nosotros buscamos la libertad mediante la lucha cívica no violenta y seguiremos luchando. Sabemos que Castro no va a hacer cambios pero tenemos el convencimiento de que el pueblo cubano puede acabar con la dictadura”, sentencia este verdadero héroe de Cuba.
Fuente: www.actuall.com, 22/5/2016

sábado, 18 de junio de 2016

ORACIÓN DE UN MAESTRO




Mora en mí, y yo comenzaré a brillar como Tú brillas, a brillar de modo que sea luz para los demás. La luz, oh Jesús, vendrá toda de Ti, ninguno de sus rayos será mío. Ningún mérito para mí. Serás Tú quien luzca a través de mí sobre los demás. ¡Oh! que te alabe como más te gusta, esto es, brillando por encima de todos cuantos me rodean. Dales la luz como a mí, ilumínalos conmigo, por mí. Enséñame a manifestar tu alabanza, tu verdad, tu voluntad. Hazme predicar sin predicación, no con palabras, sino con mi ejemplo y con la fuerza atractiva, la influencia amable de mis actos, con mi visible parecido con tus santos y la evidente plenitud del amor que llenará mi corazón.

Bto. Card. John Henry Newman
Meditations and Devotions, 5.
Imagen: Escudo cardenalicio de J. H. Newman, con la leyenda "El corazón habla al corazón".


martes, 14 de junio de 2016

El juego supremo... o la gran batalla, en un fragmento memorable.

Adán se demora en aquel regreso de medianoche: su andar es lento y dubitativo, como el de alguien que no desea llegar. Íntima es la noche, abstracta la calle, sin principio ni término la lluvia. Y Adán quisiera olvidar y olvidarse, acunado por el viento, o disolverse como un pedazo de sal en el agua que cae y cae susurrando su antigua canción de diluvio; pero todo él es un ojo desvelado que se vuelve a sí mismo y se contempla en una fría mirada. Se ha detenido ahora junto al umbral de la vieja Cloto, desierto como la noche: allí, a la sombra de Cloto la hilandera, los niños jugaban al Ángel y el Demonio. Adán toca el mármol helado, en una suerte de caricia.

Campanario de San Bernardo,
en Villa Crespo, Buenos Aires
—Un juego de símbolos. ¿Qué buscan Ángel y Demonio? Una flor. ¿Qué flor? La alegre o triste rosa predestinada. Sí, el juego de los juegos, acaso. Pero si el alma recibe nombre de rosa o de clavel antes que Ángel y Demonio vengan a reclamar su clavel o su rosa, ¿dónde queda el libre albedrío de las almas y dónde su responsabilidad? Juego de leyes oscuras: los teólogos en suspenso. En todo caso, los chicos lo juegan con alegría, como si fuese una comedia y no un drama. ¿Y si no fuese un drama, sino una comedia inefable del gran Autor? Entonces habría que jugarla como los niños, con inocencia y alegría, con ese maravilloso entregamiento de los niños y de los santos. El drama está en haber perdido inocencia y alegría. Por eso aconsejaba Él: "Haceos como niños." ¡Difícil! ¡Ah, la vieja Cloto ha jugado bien, sin duda: creo que la eligió el Ángel! Nos encontramos algunas veces, al amanecer, frente a San Bernardo: yo vuelvo de la noche, sin haberla dormido, sucio de malgastadas vigilias y avergonzado ante la nueva luz que me hiere como un remordimiento; Cloto sale de la iglesia, tras haber oído la misa de alba, con su remendado chalón en la cabeza y su antiguo rosario entre los dedos. Nos miramos, yo sucio y envidioso, ella limpia y exacta. Me sonríe: creo que me sonríe a mí solo, a menos que la sonrisa de la vieja sea universal como la luz. Y Cloto me redime con su mirada y su sonrisa: lo sabe todo y me absuelve, tal vez porque ha recobrado la sabiduría de los niños que juegan al Ángel y el Demonio. ¡Qué bueno sería esta noche apoyar las sienes en sus duras rodillas de abuela, y escuchar de su boca el gran secreto!

Pero vacío está el umbral de Cloto, y Adán Buenosayres lo toca, en una suerte de caricia. La noche sin límites, la calle borrosa y la infinita lluvia crean en torno suyo un ambiente abstracto en el cual, sin esfuerzo alguno, adivina el alma y se adivina. Nunca sintió Adán, como ahora, la certidumbre de una gran adivinación; pero todo él es un ojo desvelado que se vuelve a sí mismo, abarca su propia indignidad y se dice que ya es demasiado tarde para recoger la sabiduría de Cloto. Por eso, al retomar su camino, lleva en sí la noción de su muerte definitiva. ¡No sabe —y es bueno que no lo sepa— que sólo va herido y que la naturaleza de sus llagas es admirable! Se cree solo y derrotado, ¡y no sabe que a su alrededor milicias invisibles acaban de reunirse y combaten ahora por su alma, en un silencioso entrevero de espadas angélicas y tridentes demoníacos! No lo sabe, ¡y es bueno que lo ignore! Pero, ¿no es aquella la Flor del Barrio? Sí, Adán reconoce a la Flor del Barrio que, metida en el hueco de su puerta, aguarda como siempre al Desconocido, puestos los ojos en el fondo de la calle, pintarrajeada y vestida como una novia de juguete. Según el ritmo del viento, un farol bailarín le arroja y le retira su chorro de luz; y Adán, enfrentado ahora con la mujer, observa que su rostro embadurnado de cremas no tiene vida, que no se mueven sus pestañas duras de rimmel, que sus miembros están rígidos como nunca bajo la ropa de colores abigarrados. Y le pregunta él: "Flor del Barrio, ¿a quién esperas?" ¡Nada! La Flor del Barrio no responde. Un terror desconocido se apodera entonces de Adán Buenosayres: le parece advertir ahora un algo de artificial en aquellos ojos, en aquella boca, en aquellos petrificados músculos faciales. La sugestión es tan viva, que Adán no resiste al impulso de tocar aquel rostro. Pero no bien lo hace, una máscara de cartón se le queda entre los dedos. Y aparece detrás el verdadero semblante de la Flor del Barrio: los ojos cóncavos, la nariz roída, la desdentada boca de la Muerte.

—¡Imaginación! ¡Afanada siempre, como ahora, en su telar mentiroso! No me bastó forzar a las criaturas, exigiéndoles lo que no debían o no sabían dar; sino que, apoderándome de sus fantasmas, les hice cumplir destinos extraños a su esencia, poéticos algunos y otros inconfesables. ¡En cuántas posiciones inventadas me coloqué yo mismo, tejedor de humo, desde mi niñez! Confieso haber imaginado entonces la muerte de mi madre, y haberla padecido en sueños, como si fuese verdadera. Confieso haber derrotado al campeón mundial Jack Dempsey, en el Madison Square Garden de Nueva York, ante la gritería frenética de cien mil espectadores. Confieso haber hecho saltar la banca de Monte Carlo, en una noche prodigiosa, y haberme alejado luego, rico de oro y melancolía, entre una doble hilera de tahures corteses y bellas prostitutas internacionales. Confieso haber padecido la furia de Orlando, a causa de celosos amores, y haber demolido a Villa Crespo, sin otro utensilio que una maza de combate. Confieso haber sido pioneer de la Patagonia, y haber fundado allí la ciudad y puerto de Orionópolís, famosa por su expansión naval, dueña y señora de los siete mares. Confieso haber ejercido la dictadura de mi patria, la cual, bajo mi férula, conoció una nueva Edad de Oro mediante la aplicación de las doctrinas políticas de Aristóteles. Confieso haberme dado al más puro ascetismo en la provincia de Corrientes, donde curé leprosos, hice milagros y alcancé la bienaventuranza. Confieso haber vivido existencias poético-filosófico-heroico-licenciosas en la India de Rama, en el Egipto de Menés, en la Grecia de Platón, en la Roma de Virgilio, en la Edad Media del monje Abelardo, en... ¡Basta!

Adán Buenosayres quiere librarse de aquellos monstruosos hijos de su imaginación que vuelven ahora, uno tras otro, desfilan ante su avergonzada conciencia, esbozan gestos ridículos, posturas teatrales, actitudes malditas. Pero los monstruos insisten; y Adán tiene la impresión de que giran en torno suyo, riendo como demonios, palmeando sus bocas ululantes y guiñando sus ojos malignos, en una ronda carnavalesca.

—¡Basta! ¡Basta! He malogrado mí único destino real, por asumir cien formas inventadas, tejedor de humo. O tal vez, a la manera de un dios inmóvil que, sin alterarse ni romper su necesaria unidad, desarrollase ad intra sus posibilidades, como soñando... ¿Analogía? ¡No! Megalomanía. ¡Sólo un literato!

Espadas angélicas y tridentes demoníacos chocan sin ruido en la calle Gurruchaga: se disputan el alma de Adán Buenosayres, un literato; porque, según la economía suprema, vale más el alma de un hombre que todo el universo visible. Pero Adán no lo sabe, y es bueno que no lo sepa todavía.









Fragmento de: Adán Buenosayres, L V, Parte III, de Leopoldo Marechal.